Sansfear

Sansfear, mago elemental, protagonista de esta historia, la cual se inicia en la aldea de Galdin junto a su amigo de aventuras Angeal. Procede de una familia de gran prestigio y poder en la capital de Rethah, la majestuosa Rialtor.

Desde temprana edad, sus padres le asignaron un maestre que le inculcaba conocimiento y sabiduría, y educaba para que en un futuro honrase el honor y prestigio de su familia, del mismo modo que todas sus generaciones pasadas lo hicieron. No obstante, su maestre, además de prepararle para la vida que sus padres habían planeado para él, le adoctrinó también en conceptos muy básicos sobre la magia y el poder arcano, que reside en todos y cada uno de los seres, pareciéndole al joven estudiante, de un interés que le atrajo en sobremanera. Tras observar su entusiasmo, el maestre cortó el tema de raíz, dejándole claro que no debía profundizar, este podría desviarle de sus obligaciones. No obstante, la curiosidad de Sansfear no conocía límites, como la de cualquier niño al conocer la magia, pues había algo en su interior que le decía que la magia era su sino.

Tras varios días investigando y aprendiendo por su cuenta, llego a sus oídos la existencia de un mago elemental, que vivía por los barrios pobres de la ciudad, vagando por ellos cual mendigo. A pesar del riesgo que conllevaba que alguien de su clase se adentrase en aquellos lares, no lo dudó un instante, escapando de casa, en busca del mago. Como era de esperar, era el objeto de todas las miradas, hasta que finalmente un grupo de cuatro hombres se le acercaron y le rodearon, en cuanto iban a hacerse con él, un fulgurante aro de fuego apareció a su alrededor, quemando a sus captores, obligándoles a desistir en sus intenciones. Sansfear, incrédulo, buscó por doquier y localizó a un hombre de entrada edad, ropajes rotos y sucios y una gran y descuidada barba blanca. Sin duda, era el mago al que andaba buscando, tras acercarse a él y conversar largo y tendido, le pidió que le enseñase magia. El hombre amablemente accedió, y durante días, el joven se escapó de casa para aprender lo elemental, sobretodo de aquella que concernía al elemento del fuego, pues el anciano provenía de la orden de la salamandra, especialistas en este elemento. Aquel abandonado y desdichado mago, se convirtió en su mentor y su amigo.

No todo fueron buenas noticias para el muchacho, ya que llego a oídos de sus padres, las furtivas actividades que su hijo llevaba a cabo, le amenazaron con expulsar al mago de Rialtor y encerrarlo a él en casa, si volvía a escaparse y seguía en ese camino de la magia. Fue un golpe muy duro para Sansfear, sin embargo, decidió ir a visitarle una vez más, con la intención de ver a su amigo y despedirse, a la vez que informarle de lo ocurrido. Aquel mago encadenó una serie de palabras, que calarían a partir de entonces bien hondo en él, estas fueron que no se preocupase por él, todo ocurre con algún fin, que no dejase la magia, ya que su poder arcano latente era descomunal, y que podría llegar a convertirse en un gran mago elemental, le animó además a hacer el peregrinaje. Sansfear, no lo dudó un instante, agradeció todo lo que había hecho por él, y volvió a casa, se preparó un macuto y dejó una nota a sus padres, y sin mirar atrás, partió decidido a iniciar su peregrinaje. Este estuvo lleno de aventuras y emociones, en él, se instruyó y aprendió sobre los cuatro elementos, de otros magos y practicando, valiéndose del fuego para superar cualquier adversidad que se encontrase o se interpusiese en su camino.

Durante largo tiempo viajó por Rethah, aprendiendo y mejorando sus habilidades, hasta que un día decidió volver a casa, sabía que sus padres no querrían recibirle, pero aun así lo intentó. Como esperaba, sus padres se enfurecieron al verle, aunque, en sus palabras notaba gran preocupación, sin duda por todo el tiempo que había estado desaparecido. Intentaron en la desesperación retenerle, tras la negativa del chico a volver a la vida que tenían para él, pues su destino era muy distinto, y aunque quisieran, no podían impedírselo. Durante esa misma visita, se realizaba el torneo de Rialtor, donde se enfrentaban en combate guerreros y magos de todo Rahaylimu. Sansfear se inscribió, colocándose en una categoría adecuada a su edad, con afán de demostrar a sus padres de lo que era capaz y de lo lejos que podría llegar. Fue en ese torneo donde conoció a Angeal, que también participaba, coincidiendo en el combate de la ronda final, donde se enfrentaron, siendo este duelo de gran intensidad y propició mucho interés entre los participantes, y que finalmente terminó decantándose proclamando como ganador a Sansfear. Su dominio de la magia, para ser aún un niño, era inigualable. A pesar de aquello, sus padres seguían reticentes a que renunciase a sus obligaciones familiares, con lo que decidió volver a escaparse, para partir en un nuevo viaje, con la intención de seguir aprendiendo. Antes de partir, en una de las entradas de Rialtor, se encontró con Angeal, y tras ver que sus objetivos eran los mismos, aunque por motivos distintos, decidieron emprender juntos el viaje, en el que por años vivieron grandes aventuras, aprendieron tanto como pudieron y se prepararon para un destino que jamás imaginarían.

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