Rahaylimu

Rahaylimu es el nombre del planeta en el que se desarrolla esta historia, Sansfear y Angeal, los protagonistas, son Se’irim, humanos que viajan y se encuentran con Galdin, una aldea en territorio Rethah. Los Se’irim son pacíficos y serviciales seres, que protegen a los débiles y combaten a los opresores. Los Sintiary son una raza energética, que toma forma física a través de la naturaleza, adoptan forma antropomorfa para relacionarse con el resto de especies de Rahaylimu, se les conoce como los creadores de vida. Los Hartach, también de morfología antropomorfa, se asemejan mucho a demonios, estos son los creadores de muerte, y aunque no suene muy amistoso, son una especie fascinante y compleja que lucha por su supervivencia. Los Sanrak, una orden de magos ancestrales expertos en el uso de la magia rúnica, amantes del conocimiento y muy reservados, de apariencia dura, piel azul y llena de símbolos rúnicos. Los Goritias, se originaron como especie al sur de la gran falla, evolucionaron de un insecto, tras miles de años de evolución, estas grandes criaturas se han reproducido y extendido por el territorio sin oposición, hasta que por motivos geográficos se han encontrado con los Se’irim y los Sanrak, temiendo a estos últimos, pues sus conocimientos mágicos contrarrestan a grandes rasgos su forma de actuar. Quedando  por el momento solo un sitio por el que expandirse, el territorio de Rethah.

Al norte de los territorios de los Se’irim, Sintiary y Hartach, vivían los Quida, raza que se extinguió, pues vivían en una fértil y verde llanura que sufrió una gran catástrofe natural, su territorio se emplazaba sobre una gran caldera que entró en erupción. Tras la explosión y la siguiente nube piro plástica, los pocos que sobrevivieron fueron esparciéndose por el mapa y  pereciendo. En la actualidad de esta historia, a este territorio se le conoce como la región prohibida, pues años después de la catástrofe, tanto los Sintiary como los Hartach iniciaron una guerra por la conquista de este, conocida como la Guerra Antigua, ningún bando venció, ambos se vieron mermados de tal manera que desistieron en su conquista, no antes de aportar, involuntariamente, lo que sería la peor de las catástrofes mágicas, el residuo arcano, tornando el rico ecosistema de esa zona en un páramo desolado, en el que solo mora el residuo arcano y las almas de los que perecieron en la catástrofe junto a los caidos en la guerra antigua.

Baluarte Salvana.

Mir llegó a la puerta del Baluarte, este presenta unas columnas de ladrillos de piedra rojiza, inclinadas desordenadamente, encumbradas por un arco tudor abocinado y asimétrico a modo de porche, resguardando un gran portón de madera de sequoya, los muros son robustos y escorados hacia dentro, concibiendo una cúpula sexpartita desigual en su interior, grandes vitrales en forma de lágrima en las paredes laterales y un campanar que se alza en lo más alto de la esquina sur-este del edificio. Mir hizo sonar el picaporte enérgicamente.

  • Mir: Riiiiin soy yo, Mir, ¿estás en casa?, hay un mago elemental en la entrada sur que pregunta por ti.

Al no obtener más que el silencio por respuesta, Mir tiro del picaporte, comprobó que la puerta estaba abierta y entró al gran recibidor. Este, amueblado como en una gran biblioteca, con una gran mesa central cubierta de pergaminos y mapas de diferentes regiones de Rahaylimu, miró en todas direcciones y vio una de las dependencias iluminada. Corrió hacia ella y pudo observar que la estancia estaba colmada de raíces, hiedras, pequeños arbustos y flores silvestres, al entrar vio a Rin sentada en el suelo en posición de loto, los ojos cerrados y rodeada de velas distribuidas por toda la sala, blancas en el umbral de la puerta y ventanas, y azul celeste rodeándola, dando así, un ambiente cálido y acogedor. A su alrededor, casi imperceptible, se apreciaba un aura de energía traslúcida que su cuerpo parecía estar absorbiendo. Rin es una mujer hermosa y enigmática, de proporciones menudas, con ojos grises y rasgados, de mirada penetrante. Su cabello largo y canoso hasta la cadera, trenzado y anudado en su extremo con bellas plumas de águila real. Las arrugas de su frente revelan su mediana edad, la piel de su rostro está trazada con pinturas en tonos rojizos y verdes, símbolos de su erudición. Vestida con una mezcolanza de telas y plumas, ornamentada con orfebrería a base de minerales, corteza, hojas y raíces, sus pies curtidos lucían unas babuchas con el talón descubierto. Mir sabía que estaba meditando, ya que en alguna otra ocasión le había visto hacerlo, aun así, se acercó a ella despacio, le tocó con una mano en su hombro, y le susurró…

Télcar y Laitoh.

Ante ellos, cayó un paladín con cabello ondulado, largo, negro y mechones canosos, estatura media, de piel morena ajada por el sol, facciones angulosas y definidas, musculatura desarrollada, corpulento y sonrisa atractiva. Viste una armadura pesada de adamantino, una espada y un escudo de cuerpo entero el cual interpuso entre ellos y la llamarada.

  • Télcar: ¡¡¡Laitoh ahora!!!

Tras él llegó un mago de baja estatura y complexión delgada, cabello largo hasta los hombros, castaño y lacio. Un hombre adulto con rasgos faciales que denotan experiencia y simpatía a la vez . Viste una túnica larga y negra con detalles verde oscuro, con mucho vuelo. Apareció corriendo desde el bosque colocándose tras Télcar, lanzó un hechizo que les cubrió a todos, reforzando el gran escudo del paladín. La llamarada impactó en este, empujándole y deteniendo el golpe inicial, aunque lo arrastró hasta que consiguió anclarse en el suelo, la llamarada se abrió camino rodeando el escudo, pero de igual manera, el escudo mágico a modo de cúpula les cubrió extendiéndose desde el escudo de Télcar, formado por hexágonos de energía unidos entre sí, amortiguando la propagación ígnea. El dragón rugió y ascendió nuevamente desapareciendo en la oscuridad del cielo.

  • Sansfear: No sé quiénes sois, pero nos acabáis de salvar la vida.
  • Télcar: Me llamo Télcar, y este de aquí es Laitoh.

Extraños sucesos.

Una fuerte tormenta se desató sobre ellos, era tal la cantidad de agua que caía, que apenas podían ver por dónde pisaban, impidiéndoles también oír cualquier sonido. Una vez llegaron al bosque, se adentraron en silencio, atentos a cualquier ruido o movimiento. Seguían avanzando bajo la lluvia, sosegada por la espesura del bosque. Se encontraban cerca de la cascada, cuando observaron la silueta de una persona con túnica y encapuchado, de baja estatura y anoréxico, se les acercaba por el sendero. Una vez lo tenían encima, observaron que tenía la piel blanca-grisácea, como ahumada, los rasgos de la cara apenas eran perceptibles, la sombra que le proporcionaba la capucha lo impedía. Ambos se detuvieron y agudizaron sus sentidos por si se trataba de un bandido. Observaron que era un hombre, totalmente arrugado y en los huesos, este se los quedo mirando.

  • Encapuchado: Vosotros… Elegidos… Morir…

El hombre cayó desplomado al suelo, consumiéndose hasta solo quedar en cenizas.

Sansfear y Angeal.

Sansfear, joven, entusiasta y reservado aprendiz de mago elemental, facciones suaves, fuerte, atlético, bien proporcionado, alto y pelo corto y Angeal, un joven impulsivo, dispuesto y ágil cazador con arco, poco más alto que su compañero, de facciones marcadas y angulosas, delgado y de cabello largo cubriéndole las orejas recogido en una coleta, viajan a través de los bosques, bosques frondosos, secuoyas de gruesos troncos y enormes cepas, altos, rascacielos con pobladas copas, copas que no dejan irrumpir la luz solar, luz que solo accede en ciertos claros y lateralmente al atardecer, entre raíces se perfila el sendero por el que viajan, este, colinda con un río, caudaloso como el que más, con aguas apacibles, solo perceptible por un pequeño salto de agua en las cercanías. Un ruido interrumpe su conversación y toman posiciones defensivas tras las secuoyas. A lo lejos divisan a dos hombres y una mujer ataviados con pieles y herramientas de caza, huyendo de algo. Conforme se van acercando, ambos, intentan averiguar qué es lo que les persigue, hasta que por fin, un gigantesco y enfurecido sable aparece tras ellos, impulsándose en los troncos de los árboles. En ese momento Sansfear, con un hechizo, levantó del suelo a los tres, separándoles entre sí, justo en el momento en el que el sable saltó sobre ellos, aprovechando así Angeal, para asestarle un flechazo que le atravesó la cabeza desde el interior de su boca. Sansfear depositó a los tres frente a ellos, suavemente. Los cazadores aún asustados, no son capaces de mediar palabra, mirándolos a ambos aún aterrorizados y sin entender qué es lo que había ocurrido.

El inicio de la pesadilla.

Antón se detuvo, miró a su alrededor en busca del dragón, ni rastro de él. Haciendo uso de su hechizo de levitación, subió al altiplano, junto al salto de agua de la cascada, posándose suavemente a su vera. Jor y Mir corrieron entre la maleza subiendo la escarpada pared rocosa de la cascada hasta llegar a lo alto, sigilosos y raudos para poder observar el espectáculo sin que Antón se percatase. Cuando llegaron, exhaustos por la carrera, observaron cómo Antón tenía el brazo envuelto en llamas, golpeó el suelo con su bastón haciéndolo temblar, provocando con él, que un rugido surgiese desde el interior de la cueva que se ocultaba tras el velo de la cascada. En ese momento, desde el interior de esta, apareció emprendiendo el vuelo aquel enorme dragón, inmensa criatura, la más grande que jamás habían visto, con escamas de color naranja atigrado con tonalidades marrones y con finas rayas azules que le atravesaban todo el cuerpo, tal y como Rin describió. Es un ser cuadrúpedo, con poderosas alas convertidas en patas desplegándose en el vuelo y recogiéndose al aterrizar, dotadas de amenazantes garras. Posee una cabeza maciza, fuertes mandíbulas y un par de orejas puntiagudas. Su cola es dentada, está segmentada  y acabada en punta de lanza.