Laitoh

Nacido en Forn, hijo de mercaderes de esa misma aldea, son artesanos del cuero y el metal, confeccionando diferentes tipos de enseres que venden en un puesto de suministros varios para cazadores, lugar donde se crió, pasando gran parte del día oyendo historias que le contaban los cazadores que por allí pasaban, su sueño era convertirse en uno de ellos, enfocado a la magia, pues esta le fascinaba. En los ratos que no estaba en el puesto, se iba junto a su mejor amigo Télcar, que, aunque menor que él, compartían la ilusión de ser cazadores, ambos salían por las afueras de Forn, fantaseando que vivían grandes aventuras combatiendo con todo tipo de criaturas.

Durante muchos años, Laitoh fue estudiando y aprendiendo todo lo que podía sobre la magia, ya sea de libros que llegaban al mercado, de consejos de otros cazadores y con la práctica, hasta iniciarse en conocimientos básicos sobre el control del poder arcano. A sus dieciséis años se vio preparado para partir en su peregrinaje, sus padres eran conscientes que ese día llegaría, y a pesar de apenarles la idea de separarse de su hijo, ambos se sentían muy orgullosos de él, y le animaban a que lo realizase y cumpliese su sueño. Le prepararon y pertrecharon con todo lo que podía necesitar, y finalmente partió de Forn acompañado un tramo por Télcar, finalmente éste decidió volver a Forn y Laitoh le prometió que un día volvería, y sería convertido en un gran mago. Reanudó su viaje en busca de sus cualidades, pues tenía claro que quería ser mago, sin embargo, no tenía decidido en que campo del poder arcano quería especializarse.

Durante su peregrinaje recibió muchas lecciones y enseñanzas de varios maestros arcanos, de diferentes ámbitos. En uno de esos días de viaje, pudo oír gritos tras una zona rocosa, sin pensarlo dos veces fue a ver lo que ocurría, observando cómo un par de hombres de gran corpulencia, uno de ellos equipado con una alabarda, y el otro con un inmenso mazo de guerra, estaban acorralando a una mujer, de baja estatura, vestía túnica y empuñando un cetro. Al parecer, aquellos hombres conocían a la mujer y amenazaban con arrebatarle la vida, Laitoh impotente, pensaba la manera de ayudarle, sin embargo, no tenía el suficiente poder y conocimientos para hacerlo.

Ambos hombres se lanzaron al ataque sobre ella, pero sin entender muy bien cómo, aquella mujer creó un muro mágico bloqueándoles el paso, al tiempo que evocó unas fuertes ataduras mágicas que los inmovilizaron. Laitoh asombrado, permanecía oculto expectante ante tal recital de sabiduría y poder de aquella mujer, pues a cada intento de ser atacada, contraatacaba haciendo uso de diferentes escudos, muros, cúpulas y demás protecciones mágicas que les impedía tan siquiera acercarse. La mujer les dio un último aviso para que desistieran en su afán de acabar con ella, que por más fuerza o poder que tuviesen no era nada comparado con su capacidad defensiva, morirían antes de agotamiento, sin provocarle un solo rasguño. No obstante, los asaltantes volvieron a insistir en un nuevo ataque, pero aquel sería el último, pues la mujer los evadió, mientras conjuraba una barrera en forma de pirámide sobre ellos, que acabaría dejándolos encerrados, cual celda en una mazmorra.

Con una sonrisa en el rostro, la mujer se dio media vuelta, remarcándoles su advertimiento, pero era benévola y que pasado un día el hechizo se desvanecería y volverían a ser libres, sin embargo, les tocaría quedarse encerrados allí todo un día, con lo que les aconsejo que no malgastasen sus fuerzas en intentar escapar, sería inútil. Tras aquellas palabras, la mujer volvió al sendero donde Laitoh la abordó impresionado, ella, ya había notado su presencia y lo atendió amablemente. Ambos anduvieron varios días juntos, donde Laitoh la hostigó a preguntas, peticiones de enseñanzas y consejos para convertirse en un gran mago como ella, un mago de apoyo defensivo. Finalmente, sus caminos se tuvieron que separar, pero ya tenía clara su especialización y dedico todo su peregrinaje en aprender, practicar y convertirse en un mago de aquella índole.

Tras varios años, consiguió su objetivo, y llegó a sus oídos que Forn había sufrido graves daños en su ausencia a causa de un terremoto, su familia no era una de las afectadas y su negocio seguía sin problemas, sin embargo, también le habían informado que los bandidos asediaban la aldea casi cada día, y tras participar en el torneo anual de Rialtor, probando su valía combatiendo contra todo tipo de contrincantes y llegando casi a la gran final. No perdió detalle tras la derrota, y dedico su tiempo a aprender más, viendo el resto de combates de las diferentes categorías, pues cualquier nueva información le valía, tras esto, partió hacia Forn, con la idea de ayudarles en la defensa y en la prosperidad de la aldea.

Al llegar no recibió la cálida bienvenida que esperaba, pues la aldea estaba siendo asaltada por centenas de bandidos, estando únicamente su amigo Télcar reteniéndoles y claramente haciendo uso de sus últimas fuerzas. Sin dudarlo un instante, acudió en su ayuda, cubriendo la aldea entera con una inmensa cúpula azul zafiro, impidiendo que los enemigos entrasen, además evocó una decena de cadenas mágicas que envolvieron a los enemigos, tanto bandidos como criaturas de todo tipo que luchaban en su bando, inmovilizándolos y dejándolos fuera de combate. Tras ayudar a su amigo a expulsar a aquellos bandidos, celebraron su regreso. Sus padres copados de orgullo, le recibieron con una cálida bienvenida, y desde ese día Télcar y Laitoh se convirtieron en una de las defensas más poderosas de toda Rethah, defendiendo Forn y a sus habitantes de cualquier peligro que intentase perturbar la calma en ella.

Télcar

Hijo de campesinos, nacido en la aldea de Forn, criado en el campo, desde muy pequeño tomó la responsabilidad de los cuidados de la granja junto a sus padres. En su tiempo libre, acompañaba a su amigo Laitoh a explorar por los aledaños bosques de la aldea, por donde fantaseaban imaginado que eran fuertes, hábiles y respetados cazadores.

Su carisma e ímpetu era inusual, siempre alardeaba antes las jóvenes de la aldea, exhibiendo su fuerza, pues la dureza del campo lo había convertido en un fornido hombre desde temprana edad, a pesar de que la mayoría pensase que era un fanfarrón, todos le querían, pues no sólo era diligente, protector y honrado, sino que su carisma animaba a la gente y sus bromas y sentido del humor eran únicos en la aldea. Tan así es, que sus padres, los días de mercado, lo mandaban a él para la venta de los productos cosechados.

Cuando su amigo Laitoh cumplió los dieciséis años, partió en su peregrinaje a cumplir su sueño de convertirse en mago, sin tener muy clara su especialización, la cual escogería durante su viaje. Télcar le acompañó un tramo en el momento de dejar Forn, donde se despidieron, prometiendo Laitoh regresar algún día convertido en el mago que ansiaba ser, separándose sus caminos y volviendo Télcar a la aldea.

Pasados unos años, los padres de Télcar murieron por causas naturales, quedando él a cargo de la granja, lo que le obligo a dedicarle todo su tiempo, cosa que hizo que se fortaleciese mucho más. Un tranquilo día, un gran terremoto sacudió la zona, afectando en gran parte a la aldea de Forn, sufriendo grandes daños estructurales, entre los cuales se encontraban las tierras de Télcar, perdiendo su granja y sus campos, que quedaron gravemente dañados e impracticables. Aquello fue un duro golpe para su moral, pues era lo único que tenía y lo único que sabía hacer.

Aquella catástrofe atrajo a centenas de bandidos a Forn, saqueando lo poco que les quedaba, aprovechando su vulnerabilidad, pero Khan, su líder, les defendía con gran esmero, a pesar de su avanzada edad, que le jugaba malas pasadas. En una de las incursiones, Khan se vio superado en número, durante una escaramuza, quedó malherido e incapaz de mantenerse en pie, lograron separarle de su resplandeciente y majestuoso escudo, que tras un fuerte golpe le fue imposible hacerse de nuevo con él, quedando este desvalido en el suelo, indefenso y rodeado por una decena de enemigos. Télcar, cansado de las injusticias y de la vandálica conducta que les invadía, no ignoró aquella situación y corrió en su auxilio, agarrando aquel escudo, con el que defendió a Khan, a Forn y a todos sus vecinos y amigos, pues su gran fuerza física le dotaba de una gran habilidad defensiva y ofensiva insólita con aquel escudo. Khan, incrédulo a lo que estaba presenciando, no pasó por alto sus grandes cualidades, ofreciéndole una alternativa a su vida, que parecía estar rota desde que perdió su granja. Se comprometió a entrenarlo y a prepararlo para convertirlo en un gran paladín, defensor y cazador de Forn. Sin dudarlo un instante, y durante muchos años, se entrenó hasta convertirse en un talentoso guerrero, equipado con el escudo de Khan, el cual le había regalado, en una muestra de gratitud por su esmero en la defensa y por la brillantez en sus cualidades como paladín.

Pasados dos años de la catástrofe, se reunieron varias facciones de bandidos, ya no para asaltar la aldea, que ya había recuperado su esplendor, sino, en busca de venganza por las infinitas humillaciones recibidas en sus intentos de asalto anteriores. Cercanos al centenar, traían consigo criaturas de todo tipo, en busca de Télcar, que a duras penas resistía el continuo ataque de los enemigos, y ya cuando sus fuerzas llegaban a su límite, una inmensa cúpula mágica apareció sobre Forn, al tiempo que los bandidos se veían mermados gracias a decenas de cadenas moradas mágicas que les atraparon, bloqueando también a las criaturas más peligrosas y poderosas. Télcar busco con la mirada al responsable de aquello, viendo tras él como se acercaba su amigo Laitoh, habían pasado varios años, pero sin duda lo reconoció y desde entonces, y después de expulsar a los bandidos, combatieron codo con codo en la defensa de Forn, fortaleciendo sus habilidades y su amistad, convirtiéndose ambos en la defensa más impenetrable de toda la región, ignorando la relevancia de sus acciones, que marcarán un antes y un después en el destino de todo Rahaylimu.