¡Deseadnos suerte!

¡Buenas a todos!

Tendréis que disculparnos un par de semanas, pero tranquilos, que no nos hemos olvidado de vosotros. Estamos dándole los últimos retoques al libro, pues vamos a presentarlo en el Premio Planeta, y queremos que esté perfecto. “¡Nos pilla el toro!” XD

Pronto tendréis noticias nuestras. Mientras tanto, podéis visitarnos y saber mas de Galdin en:

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Y por supuesto en este blog, nunca está de más volver a revivir las historias relacionadas con Galdin.

PD: Ya pronto tendremos lista la nueva Web, os invitamos a que os la apuntéis y nos sigais con tanto ímpetu como aquí. Sagagaldin.es

Orkhan

Nacido en la cuidad de Lonar, situada en el interior de la imponente montaña de Faindo. De raza Sanrak, seres galanos, dominio total del poder arcano, de las runas y poseedores de la mayor fuente de conocimiento de todo Rahaylimu. Desde su niñez, destacaba por su afán de aprendizaje y exorbitante curiosidad, pues traía de cabeza a los cuatro portavoces de las facciones, a todas horas tras ellos, ávido por que le mostrasen todo lo necesario para dominar sus artes, quienes le enseñaban con mucho esmero, pues veían el potencial que albergaba, y podría, en un futuro, poner al servicio de estos, sus más que imponentes cualidades.

El tiempo pasaba, y crecía aun sin decantarse por ninguna de estas cuatro facciones, los portavoces seguían colmándole de conocimiento, instándole a que se decidiera por una de ellas, para poder ayudarle a desarrollar todo su potencial en una de las especializaciones. No obstante, esa idea nunca le interesó, pues se veía capaz de dominar las cuatro, sabía que no debía reducir su campo de conocimiento a una sola facción, pues todas ellas, son importantes e interesantes, con lo que continuó aprendiendo de todas ellas, empapándose de su sabiduría en la inmensa biblioteca de su ciudad.

Cuando estuvo listo, le enviaron a una misión, en la que esperaban que le ayudase a decantarse por una de las facciones, pues la idea de que fuese por libre, y no encajara en sus costumbres, no les terminaba de agradar. Partió hacia el norte, donde se encontraban las ruinas de una antigua ciudad Sanrak, la predecesora de Lonar. Allí, tuvo que descifrar y resolver varios enigmas y pruebas, para poder encontrar una entrada oculta, que conducía a un tradicional examen en el que se determinaría a cuál de las facciones es más acorde, según sus aptitudes. Tras varios días, regresó a Lonar, luciendo un tatuaje rúnico en su espalda, este debía indicar a que facción debía unirse, pero para su sorpresa, este, era una mezcolanza de las cuatro, indicando que es totalmente válido para todas ellas. Quedando así, su singular forma de afrontar las normas, como válida entre sus costumbres.

Tuvo en conocimiento, que, durante su ausencia, llegaron a Lonar un par de Se’irim, cuyos nombres son Rin y Khan, quienes realizaron las pruebas de las profundidades de Faindo. Dichas pruebas, duras e ingeniosas, suelen ser arduas para los propios Sanrak, ni los más hábiles consiguen superar los diferentes niveles de dificultad que albergan, sin embargo, aquellos dos forasteros, lograron pasar muchas de estas. Orkhan, sintió rabia por no haber estado presente ante tal proeza, sin embargo, aquello puso en evidencia su desconocimiento del verdadero potencial de la raza vecina, decidiendo en ese momento, embarcarse en un viaje a Rethah, donde adquirió conocimiento, documentando sobre ellos y enriqueciendo y ampliando la sabiduría de su biblioteca. Orkhan no solo adquirió información, sino que encontró un vórtice de energía de gran poder en su territorio, emanaba una energía arcana de gran intensidad, no entendía cómo era posible que existiese un lugar como aquel, los Se’irim, lo llamaban la caverna Fuigen. En ella, el poder superaba lo conocido, Orkhan se perpetuó, aprendiendo e intentando dominar aquella energía. Finalmente, se marchó, sin llegar a comprender la complejidad de aquel lugar, era un completo misterio, pero sí logró algo, supo asimilar parte de la energía de aquel vórtice, adaptándolo a su poder arcano, lo que potenció sus habilidades rúnicas, y donde aprendió también, una vertiente diferente del uso del poder arcano puro, una habilidad, que solo los Sanrak habían logrado dominar.

Tras volver a Lonar, mostró lo adquirido en el viaje, continuó su aprendizaje, siempre por libre, yendo de un lado a otro de la ciudad, siendo conocido en las cuatro facciones, superando en poder, en algunos casos a los portavoces de estas, pero, al no pertenecer a ninguna y al no ser de su interés, jamás se proclamó portavoz de ninguna de ellas. Lo que Orkhan desconocía, era que sus habilidades y su curiosidad, le iban a llevar a una aventura, que escapaba a todo conocimiento Sanrak.

Antón

Criado en el último templo de la orden de magos del cuadrado que seguía en pie, pues este estaba condenado al olvido como el resto. En él, tan solo residían un niño llamado Antón y un anciano, un mago elemental de gran poder, el último de los grandes magos del templo. El resto de jóvenes instruidos habían emprendido sus viajes en solitario, tan solo Antón permaneció junto a su maestro, para seguir adquiriendo conocimiento sobre la magia elemental, pues él no sólo quería llegar a ser un gran mago, sino que quería llegar a ser instructor de otros jóvenes.

Con gran atención y dedicación, atendía a todas las enseñanzas de su maestro, tomando notas y confeccionando libros y manuscritos que iba guardando cuidadosamente, para que el día de mañana les sirviera de guía a aquellos que como él, buscaban el camino del conocimiento y de la sabiduría arcana. Tras muchos años, aquel estilo de vida fue el único que Antón conoció, hasta que por inclemencias de la vida, el tiempo no perdonó a su maestro, que sucumbió por los estragos de la edad, decidiendo, entonces, partir con una caravana, marchándose del templo con todos sus documentos junto a él.

Antón recorría Rahaylimu en busca de más conocimiento, ampliando así su biblioteca particular, además de explorar e investigar otros antiguos y abandonados templos, en los que normalmente encontraba nuevos hechizos en pergaminos, y grimorios que añadida a su colección, pasaba largas jornadas estudiándolos, pues su dedicación y sus hobbies iban de la mano, tomando los altares de estudio como su lugar de confort, lo que más anhelaba en esos lugares era estar inmerso en el aprendizaje. En sus viajes, siempre estaba dispuesto a ayudar a las diferentes aldeas y aldeanos de Retath, ya fuese en cacerías que estaban fuera de su alcance, imbuyendo objetos para usos honorables o impartiendo paz, en los lugares donde la injusticia se le presentaba a su paso, sin pedir nada cambió, más que comida y descanso durante un día, pues no buscaba lucrarse, simplemente ayudar a aquellos que no pueden valerse por sí mismos.

Tras varios años de aventuras y aprendizaje, llegaron sus hazañas a oídos de un prestigioso comandante del ejército imperial de Rialtor, con lo que fue en su busca, para pedirle que adiestrase a los nuevos reclutas magos del ejército. Antón, sin dudarlo, acepto aquel reto, pues había conseguido acrecentar su poder y sabiduría, y ya era hora de que pusiese a prueba sus habilidades como instructor. Así fue, que durante mucho tiempo estuvo adoctrinándolos, y durante años, las fuerzas mágicas del ejército imperial aumentaron de forma considerable. A cambio, él recibía cobijo, comida y acceso a todas las bibliotecas y conocimiento de Rialtor, pues para él, aquello era mejor que cualquier recompensa económica.

A la vuelta de una misión, uno de sus discípulos le informo sobre un dragón que azotaba la zona de Galdin y Forn, que muchos cazadores habían intentado darle caza, sin éxito alguno. Antón decidió hablar con el comandante, informándole de su partida, pues los soldados estaban bien instruidos e incluso ellos mismos podrían adiestrar a los nuevos reclutas. Dicho eso, se despidió, recogió sus pertenecías y puso rumbo a Galdin, pues sentía la necesidad de acudir en su ayuda y acabar con esa bestia alada, que tantos estragos parecía estar causando. Aunque, para su ignorancia, aquel monstruo no era lo más peligroso que moraba por aquellos lares, ignorancia a la que el destino pondrá remedio, cruzando su camino ante un reto que pronto descubrirá.