Rin

Oriunda de las tierras de Rethah, sin embargo, su lugar de nacimiento y su origen son un misterio para quienes le rodean. Durante gran parte de su larga vida, se dedicó a viajar por Rahaylimu, en busca de conocimiento y sabiduría, relacionándose e interesándose por la forma de vida y cultura de las razas con las que se iba encontrando, mejorando sus habilidades de chamán, y comprendiendo mejor el mundo en el que vive. Aventura, misterios y peligros le acompañaron durante su travesía, dejando su huella por doquier, pasando a ser bien conocida en cada una de las regiones que visitaba, escribieron relatos y explicaron leyendas acerca de sus proezas, siendo, sin quererlo y saberlo en una famosa y respetada chaman. A su lado, siempre estaba un fornido, sabio y habilidoso paladín, quien la acompañó desde el inicio, pues crecieron y compartieron desde el momento de sus nacimientos el mismo camino, protegiéndola y ayudándole en lo que hiciese falta. Khan, se hace llamar en la actualidad, y del mismo modo que Rin, él también se endureció y adquirió poder y sabiduría en ese viaje.

De vuelta a Rethah, les acogieron como a héroes, pues su reputación les precedió, les ofrecieron a ambos ser líderes de una aldea comercial llamada Forn. No obstante, Rin sabía que para dicha tarea, Khan era el más apropiado, pues sus dotes de mando y liderazgo, además de su carácter amable y cortés, harían prosperar la aldea, sin lugar a dudas. Rin, por su cuenta, decidió no alejarse demasiado de su amigo Khan. Se asentó en un viejo baluarte abandonado sobre una colina, y cerca de un lago, en cuyo centro se erigen las ruinas de un antiguo templo de magos, pues en su fuero interno sabía que aquel lugar era de vital importancia para el futuro, acondicionó las numerosas estancias, replicando los diferentes ecosistemas que había visitado, introduciendo en cada uno, los detalles y elementos necesarios para que se reprodujesen las condiciones óptimas para poder albergar el poder arcano propio e inigualable de cada uno de ellos, convirtiendo aquel lugar, en uno, sino el más poderoso, energéticamente hablando. Aquella energía fue atrayendo a multitud de personas de buen corazón, asentándose junto al baluarte, y tomando a Rin como su líder, resistiéndose ella en un principio a tal responsabilidad, pues para nada estaba dentro de sus intenciones dirigir una aldea. Todos acudían a ella, y aunque oficialmente no tenían líder, ella tomó ese rol con el paso del tiempo, fundando definitivamente una nueva aldea, cuyo nombre es Galdin, en honor a una persona que conoció en su viaje. El Baluarte, pasó a llamarse Salvana a petición popular, siendo aquel lugar próspero y conocido por todos en la región.

Pasaron muchos años y Galdin no cesaba de crecer, repleta de vida, alegría y tranquilidad, no obstante, aquella calma se vio truncada por la migración de una gran colonia de dragones, quienes se aposentaron en las pedanías, y sembraron el caos en la región, asaltando mercaderes y aldeas. Galdin, junto a sus vecinos, crearon una partida de caza, con la intención de reducir su población y ahuyentarlos antes de que causasen más muertes. Aquella batida tuvo gran éxito, no obstante, las vidas perdidas fueron numerosas, entre ellos, miembros de Galdin, muy queridos y respetados, como la hija del sanador y su marido, cuya descendiente en común, Dana, tuvo que criarse a partir de entonces con su abuelo.

Poco después, llegó a oídos de Rin que una cría de dragón había sobrevivido, debían acabar con ella, pues sin padres con los que guiarle lejos, se quedaría sembrando nuevamente el caos. Así que, tras varios intentos fallidos por parte de cazadores que viajaban a Galdin por la recompensa, llegó el turno de un pequeño grupo de cazadores, entre los cuales había dos forasteros, muy pintorescos y extraños, quienes a pesar de estar perdidos como si jamás hubiesen estado allí, poseían un gran poder, que, tan siquiera ellos mismos conocían, pues fueron quienes acabaron con el dragón de una tacada. Tras aquello, volvió la calma a Galdin, y Rin no volvió a saber nada de aquel par hombres que se presentaron ese día en su ayuda.

Unos años después, Rin percibió en una de sus meditaciones la presencia de un mal oscuro, supo en ellas, que este brotó desde las entrañas de Rahaylimu, pero jamás llegó a averiguar nada sobre él, por más que lo intentaba a través de meditaciones e investigaciones, y pese a que su presencia y poder crecían exponencialmente. En el bosque de Mirín, situado entre Galdin y Forn, apareció un brote de aquella oscuridad, Rin podía sentirla, pero aun estando cerca, no lograba averiguar quién o qué era. Un día, se encontraba meditando en una de las salas del Baluarte Salvana, y fue entonces cuando tuvo una visión del futuro, en la que vio un mago elemental y un arquero, rodeados de valerosos guerreros, enfrentándose a ese mal, no logró vislumbrar el resultado de esa batalla, pero tenía claro que debía encontrar y ayudar a esos dos jóvenes, pues son esenciales en la aniquilación de aquel nuevo mal.

Ferve

Nacida en Skafa, una aldea en el extrarradio al sur de Rialtor. Vivía junto a sus padres, quienes orientados al negocio ganadero, contaban con un gran número de reses, entre cabras y ovejas de las que obtenían sus beneficios en su comercio. Además de sus padres, Ferve vivía junto a su hermano mellizo Raxio, del que nunca se separaba fuesen a donde fuesen, siempre jugaban juntos en su tiempo libre, pues desde temprana edad, ayudaban a sus padres, llevando las reses a pastar a las vastas praderas que rodeaban la aldea.

Era una joven soñadora y muy enamoradiza, tanto, que con tan solo una mirada de cualquier hombre, se empeñaba en que era “el hombre de su vida”. Pues ella ansiaba encontrar el amor por encima de todo. Por otro lado, su hermano era más reservado, y hacia lo posible por protegerla, advirtiéndole en más de una ocasión que sus sueños acabarían haciéndole daño, que estaba muy bien tenerlos, pero, obsesionarse le traería problemas. No obstante, ella no podía evitarlo.

Un día, ambos estaban cumpliendo con sus tareas en la pradera, cuando divisaron desde la lejanía, a un grupo de Perfos que se dirigían hacia su aldea, estos, son seres de una raza provenientes de las tierras gélidas, cerca del polo norte de Rahaylimu, seres de gran corpulencia y muy astutos. Llamados por su curiosidad, reagruparon el rebaño y regresaron a Skafa, con la intención de averiguar qué era lo que buscaban. Pero al llegar, observaron una fuerte discusión entre los componentes de ambos pueblos, a Ferve y su hermano les invadió el miedo, pues, bien sabían que si aquellos seres se proponían acabar con la aldea, lo harían sin apenas oposición.

No obstante, un hombre apareció de entre la multitud, equipado con una brillante e imponente armadura pesada, con el emblema del ejército imperial de Rialtor, este se acercó a los seres con suma precaución, y con tono amable y cortés, puso fin a la disputa, que, al final, tan solo había resultado ser un pequeño malentendido. Ferve, al contrario que su hermano, apenas presto atención a la resolución del conflicto, pues estaba completamente eclipsada por aquel fornido y apuesto soldado, para ella, aquel era su nuevo “hombre de su vida”. Y muy a su pesar, tras la resolución, el soldado continuó su camino hacia Rialtor.

A Raxio, aquel momento le sirvió para tener más que claro que su destino era convertirse en soldado imperial, las expectativas de Ferve, en cambio, eran totalmente distantes a las de su hermano, pero su apego a él y la posibilidad de volverse a encontrar con aquel radiante salvador, fue lo que le impulsó a unirse al ejército imperial de Rethah, pues por encima de todo, estaba el vínculo que le unía a su hermano. Ambos ascendieron rápidamente en la escala de galones del ejército, endureciendo su carácter, su fuerza, coraje e inteligencia, convirtiéndose ambos en pilares fundamentales para el ejército, desmarcándose un poco Ferve sobre su hermano, quien fue obsequiada por el gran comandante con un arma que albergaba gran poder, y que tan solo alguien de su destreza podría usar. Aquello le lleno de orgullo, y junto a su hermano resolvió cientos de situaciones con resultados más que satisfactorios. Sin embargo, ser los pilares de un ejército de tanto renombre, no les iba a facilitar la tarea a la hora de enfrentarse con lo que el destino les tenía preparado para sus próximas misiones.

Antón

Criado en el último templo de la orden de magos del cuadrado que seguía en pie, pues este estaba condenado al olvido como el resto. En él, tan solo residían un niño llamado Antón y un anciano, un mago elemental de gran poder, el último de los grandes magos del templo. El resto de jóvenes instruidos habían emprendido sus viajes en solitario, tan solo Antón permaneció junto a su maestro, para seguir adquiriendo conocimiento sobre la magia elemental, pues él no sólo quería llegar a ser un gran mago, sino que quería llegar a ser instructor de otros jóvenes.

Con gran atención y dedicación, atendía a todas las enseñanzas de su maestro, tomando notas y confeccionando libros y manuscritos que iba guardando cuidadosamente, para que el día de mañana les sirviera de guía a aquellos que como él, buscaban el camino del conocimiento y de la sabiduría arcana. Tras muchos años, aquel estilo de vida fue el único que Antón conoció, hasta que por inclemencias de la vida, el tiempo no perdonó a su maestro, que sucumbió por los estragos de la edad, decidiendo, entonces, partir con una caravana, marchándose del templo con todos sus documentos junto a él.

Antón recorría Rahaylimu en busca de más conocimiento, ampliando así su biblioteca particular, además de explorar e investigar otros antiguos y abandonados templos, en los que normalmente encontraba nuevos hechizos en pergaminos, y grimorios que añadida a su colección, pasaba largas jornadas estudiándolos, pues su dedicación y sus hobbies iban de la mano, tomando los altares de estudio como su lugar de confort, lo que más anhelaba en esos lugares era estar inmerso en el aprendizaje. En sus viajes, siempre estaba dispuesto a ayudar a las diferentes aldeas y aldeanos de Retath, ya fuese en cacerías que estaban fuera de su alcance, imbuyendo objetos para usos honorables o impartiendo paz, en los lugares donde la injusticia se le presentaba a su paso, sin pedir nada cambió, más que comida y descanso durante un día, pues no buscaba lucrarse, simplemente ayudar a aquellos que no pueden valerse por sí mismos.

Tras varios años de aventuras y aprendizaje, llegaron sus hazañas a oídos de un prestigioso comandante del ejército imperial de Rialtor, con lo que fue en su busca, para pedirle que adiestrase a los nuevos reclutas magos del ejército. Antón, sin dudarlo, acepto aquel reto, pues había conseguido acrecentar su poder y sabiduría, y ya era hora de que pusiese a prueba sus habilidades como instructor. Así fue, que durante mucho tiempo estuvo adoctrinándolos, y durante años, las fuerzas mágicas del ejército imperial aumentaron de forma considerable. A cambio, él recibía cobijo, comida y acceso a todas las bibliotecas y conocimiento de Rialtor, pues para él, aquello era mejor que cualquier recompensa económica.

A la vuelta de una misión, uno de sus discípulos le informo sobre un dragón que azotaba la zona de Galdin y Forn, que muchos cazadores habían intentado darle caza, sin éxito alguno. Antón decidió hablar con el comandante, informándole de su partida, pues los soldados estaban bien instruidos e incluso ellos mismos podrían adiestrar a los nuevos reclutas. Dicho eso, se despidió, recogió sus pertenecías y puso rumbo a Galdin, pues sentía la necesidad de acudir en su ayuda y acabar con esa bestia alada, que tantos estragos parecía estar causando. Aunque, para su ignorancia, aquel monstruo no era lo más peligroso que moraba por aquellos lares, ignorancia a la que el destino pondrá remedio, cruzando su camino ante un reto que pronto descubrirá.

Laitoh

Nacido en Forn, hijo de mercaderes de esa misma aldea, son artesanos del cuero y el metal, confeccionando diferentes tipos de enseres que venden en un puesto de suministros varios para cazadores, lugar donde se crió, pasando gran parte del día oyendo historias que le contaban los cazadores que por allí pasaban, su sueño era convertirse en uno de ellos, enfocado a la magia, pues esta le fascinaba. En los ratos que no estaba en el puesto, se iba junto a su mejor amigo Télcar, que, aunque menor que él, compartían la ilusión de ser cazadores, ambos salían por las afueras de Forn, fantaseando que vivían grandes aventuras combatiendo con todo tipo de criaturas.

Durante muchos años, Laitoh fue estudiando y aprendiendo todo lo que podía sobre la magia, ya sea de libros que llegaban al mercado, de consejos de otros cazadores y con la práctica, hasta iniciarse en conocimientos básicos sobre el control del poder arcano. A sus dieciséis años se vio preparado para partir en su peregrinaje, sus padres eran conscientes que ese día llegaría, y a pesar de apenarles la idea de separarse de su hijo, ambos se sentían muy orgullosos de él, y le animaban a que lo realizase y cumpliese su sueño. Le prepararon y pertrecharon con todo lo que podía necesitar, y finalmente partió de Forn acompañado un tramo por Télcar, finalmente éste decidió volver a Forn y Laitoh le prometió que un día volvería, y sería convertido en un gran mago. Reanudó su viaje en busca de sus cualidades, pues tenía claro que quería ser mago, sin embargo, no tenía decidido en que campo del poder arcano quería especializarse.

Durante su peregrinaje recibió muchas lecciones y enseñanzas de varios maestros arcanos, de diferentes ámbitos. En uno de esos días de viaje, pudo oír gritos tras una zona rocosa, sin pensarlo dos veces fue a ver lo que ocurría, observando cómo un par de hombres de gran corpulencia, uno de ellos equipado con una alabarda, y el otro con un inmenso mazo de guerra, estaban acorralando a una mujer, de baja estatura, vestía túnica y empuñando un cetro. Al parecer, aquellos hombres conocían a la mujer y amenazaban con arrebatarle la vida, Laitoh impotente, pensaba la manera de ayudarle, sin embargo, no tenía el suficiente poder y conocimientos para hacerlo.

Ambos hombres se lanzaron al ataque sobre ella, pero sin entender muy bien cómo, aquella mujer creó un muro mágico bloqueándoles el paso, al tiempo que evocó unas fuertes ataduras mágicas que los inmovilizaron. Laitoh asombrado, permanecía oculto expectante ante tal recital de sabiduría y poder de aquella mujer, pues a cada intento de ser atacada, contraatacaba haciendo uso de diferentes escudos, muros, cúpulas y demás protecciones mágicas que les impedía tan siquiera acercarse. La mujer les dio un último aviso para que desistieran en su afán de acabar con ella, que por más fuerza o poder que tuviesen no era nada comparado con su capacidad defensiva, morirían antes de agotamiento, sin provocarle un solo rasguño. No obstante, los asaltantes volvieron a insistir en un nuevo ataque, pero aquel sería el último, pues la mujer los evadió, mientras conjuraba una barrera en forma de pirámide sobre ellos, que acabaría dejándolos encerrados, cual celda en una mazmorra.

Con una sonrisa en el rostro, la mujer se dio media vuelta, remarcándoles su advertimiento, pero era benévola y que pasado un día el hechizo se desvanecería y volverían a ser libres, sin embargo, les tocaría quedarse encerrados allí todo un día, con lo que les aconsejo que no malgastasen sus fuerzas en intentar escapar, sería inútil. Tras aquellas palabras, la mujer volvió al sendero donde Laitoh la abordó impresionado, ella, ya había notado su presencia y lo atendió amablemente. Ambos anduvieron varios días juntos, donde Laitoh la hostigó a preguntas, peticiones de enseñanzas y consejos para convertirse en un gran mago como ella, un mago de apoyo defensivo. Finalmente, sus caminos se tuvieron que separar, pero ya tenía clara su especialización y dedico todo su peregrinaje en aprender, practicar y convertirse en un mago de aquella índole.

Tras varios años, consiguió su objetivo, y llegó a sus oídos que Forn había sufrido graves daños en su ausencia a causa de un terremoto, su familia no era una de las afectadas y su negocio seguía sin problemas, sin embargo, también le habían informado que los bandidos asediaban la aldea casi cada día, y tras participar en el torneo anual de Rialtor, probando su valía combatiendo contra todo tipo de contrincantes y llegando casi a la gran final. No perdió detalle tras la derrota, y dedico su tiempo a aprender más, viendo el resto de combates de las diferentes categorías, pues cualquier nueva información le valía, tras esto, partió hacia Forn, con la idea de ayudarles en la defensa y en la prosperidad de la aldea.

Al llegar no recibió la cálida bienvenida que esperaba, pues la aldea estaba siendo asaltada por centenas de bandidos, estando únicamente su amigo Télcar reteniéndoles y claramente haciendo uso de sus últimas fuerzas. Sin dudarlo un instante, acudió en su ayuda, cubriendo la aldea entera con una inmensa cúpula azul zafiro, impidiendo que los enemigos entrasen, además evocó una decena de cadenas mágicas que envolvieron a los enemigos, tanto bandidos como criaturas de todo tipo que luchaban en su bando, inmovilizándolos y dejándolos fuera de combate. Tras ayudar a su amigo a expulsar a aquellos bandidos, celebraron su regreso. Sus padres copados de orgullo, le recibieron con una cálida bienvenida, y desde ese día Télcar y Laitoh se convirtieron en una de las defensas más poderosas de toda Rethah, defendiendo Forn y a sus habitantes de cualquier peligro que intentase perturbar la calma en ella.

Sintiary

Esta es una de las razas más antiguas de Rahaylimu, creadora de vida y protectora de la naturaleza. Estos seres son almas, energía pura que emana del manantial de las almas, adoptan formas antropomorfas, haciendo uso del entorno, raíces, ramas, arbustos y árboles para tornarse corpóreos.

Su historia se remonta a muchos años atrás en el tiempo, se comenta de ellos en otras razas, que crearon el planeta y lo dotaron de vida, ideología muy extendida, pues durante su existencia han vivido y se han dedicado por completo a llenar de vida Rahaylimu, colmando cada palmo de terreno de vegetación, lo más destacable en sus vidas fue una gran guerra que detuvo sus quehaceres para defenderse de la raza Hartach, que por antagonismo necesitan de la absorción de la vida para su existencia. Dicha guerra, fue provocada por sus diferencias y para más inri, son desde hace un pasado no muy lejano territorios vecinos, sin embargo la gota que colmó el vaso, fue cuando intentaron invadir el territorio en el que vivían los Quida, otra raza que fue extinta por una catástrofe natural. En dichas tierras, había propiedades que beneficiaban a ambas partes. Tras varios intentos y la negativa a ceder, fue imposible llegar a un acuerdo de reparto equitativo, la guerra fue inevitable, pero a pesar de largos años de combate, en los que, no se proclamaba ningún vencedor, hubo una batalla final en la que enviaron la mayor parte de sus ejércitos, siendo esta de una magnitud devastadora, arrasando y sesgando la totalidad de las vidas de quienes participaron en ella, además de destruir gran parte del territorio. Tras la derrota de ambos ejércitos, finalmente comprendieron que aquello no llevaría a ninguna parte, pero no antes de aportar, involuntariamente, lo que sería la peor de las catástrofes mágicas, el residuo arcano. Este se genera tras la utilización del poder arcano, en ínfimas cantidades, apenas perceptible y nada dañino para ninguna de las especies de Rahaylimu, excepto si este se concentra en grandes cantidades, cosa que la guerra propició. Tras esto, firmaron un tratado de paz, dejando el territorio de los Quida a su suerte, quedando inhabitable por eones.

Por lo que respecta a su estilo de vida, se puede destacar la versatilidad al crear ciudades o aldeas, pues todas son creadas haciendo uso de la magia, haciendo que la vegetación de los bosques se adapte a sus necesidades, adquiriendo formas y creando estructuras según sus necesidades en cada momento, sin ser estas fijas, siempre en constante cambio, de manera que cuando no se hace uso de ella, vuelve a su estado natural. Su capital es Boleriana donde reside su líder, la que posee el alma más antigua y más sabía de todos ellos, no obstante, a pesar de toda su experiencia, no ha sido capaz de llegar al nivel de ‘ahlua, la maestra de maestras entre todos los Sintiary, ella fue un icono para todos ellos, y aún en la actualidad se la recuerda y venera. Se le otorgó un altar oculto en las profundidades del bosque, donde reside lo que queda de su alma, proporcionando vida y energía arcana en aquel lugar. Junto a Luz de Ragfandor, su orbe, considerado legendario y dotado de gran poder, llegó a adquirir tal nivel de maestría, que a día de hoy, ningún Sintiary ha logrado alcanzar. Inició e instruyó a todos los Sintiary en el arte arcano de la creación y conservación de la vida.

Rahaylimu

Rahaylimu es el nombre del planeta en el que se desarrolla esta historia, Sansfear y Angeal, los protagonistas, son Se’irim, humanos que viajan y se encuentran con Galdin, una aldea en territorio Rethah. Los Se’irim son pacíficos y serviciales seres, que protegen a los débiles y combaten a los opresores. Los Sintiary son una raza energética, que toma forma física a través de la naturaleza, adoptan forma antropomorfa para relacionarse con el resto de especies de Rahaylimu, se les conoce como los creadores de vida. Los Hartach, también de morfología antropomorfa, se asemejan mucho a demonios, estos son los creadores de muerte, y aunque no suene muy amistoso, son una especie fascinante y compleja que lucha por su supervivencia. Los Sanrak, una orden de magos ancestrales expertos en el uso de la magia rúnica, amantes del conocimiento y muy reservados, de apariencia dura, piel azul y llena de símbolos rúnicos. Los Goritias, se originaron como especie al sur de la gran falla, evolucionaron de un insecto, tras miles de años de evolución, estas grandes criaturas se han reproducido y extendido por el territorio sin oposición, hasta que por motivos geográficos se han encontrado con los Se’irim y los Sanrak, temiendo a estos últimos, pues sus conocimientos mágicos contrarrestan a grandes rasgos su forma de actuar. Quedando  por el momento solo un sitio por el que expandirse, el territorio de Rethah.

Al norte de los territorios de los Se’irim, Sintiary y Hartach, vivían los Quida, raza que se extinguió, pues vivían en una fértil y verde llanura que sufrió una gran catástrofe natural, su territorio se emplazaba sobre una gran caldera que entró en erupción. Tras la explosión y la siguiente nube piro plástica, los pocos que sobrevivieron fueron esparciéndose por el mapa y  pereciendo. En la actualidad de esta historia, a este territorio se le conoce como la región prohibida, pues años después de la catástrofe, tanto los Sintiary como los Hartach iniciaron una guerra por la conquista de este, conocida como la Guerra Antigua, ningún bando venció, ambos se vieron mermados de tal manera que desistieron en su conquista, no antes de aportar, involuntariamente, lo que sería la peor de las catástrofes mágicas, el residuo arcano, tornando el rico ecosistema de esa zona en un páramo desolado, en el que solo mora el residuo arcano y las almas de los que perecieron en la catástrofe junto a los caidos en la guerra antigua.

Sansfear y Angeal.

Sansfear, joven, entusiasta y reservado aprendiz de mago elemental, facciones suaves, fuerte, atlético, bien proporcionado, alto y pelo corto y Angeal, un joven impulsivo, dispuesto y ágil cazador con arco, poco más alto que su compañero, de facciones marcadas y angulosas, delgado y de cabello largo cubriéndole las orejas recogido en una coleta, viajan a través de los bosques, bosques frondosos, secuoyas de gruesos troncos y enormes cepas, altos, rascacielos con pobladas copas, copas que no dejan irrumpir la luz solar, luz que solo accede en ciertos claros y lateralmente al atardecer, entre raíces se perfila el sendero por el que viajan, este, colinda con un río, caudaloso como el que más, con aguas apacibles, solo perceptible por un pequeño salto de agua en las cercanías. Un ruido interrumpe su conversación y toman posiciones defensivas tras las secuoyas. A lo lejos divisan a dos hombres y una mujer ataviados con pieles y herramientas de caza, huyendo de algo. Conforme se van acercando, ambos, intentan averiguar qué es lo que les persigue, hasta que por fin, un gigantesco y enfurecido sable aparece tras ellos, impulsándose en los troncos de los árboles. En ese momento Sansfear, con un hechizo, levantó del suelo a los tres, separándoles entre sí, justo en el momento en el que el sable saltó sobre ellos, aprovechando así Angeal, para asestarle un flechazo que le atravesó la cabeza desde el interior de su boca. Sansfear depositó a los tres frente a ellos, suavemente. Los cazadores aún asustados, no son capaces de mediar palabra, mirándolos a ambos aún aterrorizados y sin entender qué es lo que había ocurrido.