Vala

Hija de Ragah, uno de los más respetables, sabios y honorables líderes Hartach, que por encima de todo buscaba la prosperidad de su especie, y la armonía con las demás, incluida la Sintiary, pese a sus evidentes diferencias. Vala, en su primer estadio, era una cría Hartach de lo más curiosa y fisgona, buscaba e investigaba todo lo que se le antojaba, junto a su amigo Galdo, su inseparable compañero de juegos y aventuras. Durante ese primer estadio, y casi de recién nacida, llegaron a sus tierras dos Se’irim, a quienes se les conocía como Rin y Khan, fueron recibidos por su padre con gran amabilidad. Estos, tras explicarles sus motivos, estuvieron aprendiendo y conociendo a los Hartach, situación que llamo la atención de Vala y de Galdo, que les acompañaron curiosos, y de manera inconsciente aprendieron muchas cosas de los Se’irim, aunque aquella vivencia casi pasó al olvido, pues en su primer estadio, absorben y asimilan mucho conocimiento, pero su memoria apenas está desarrollada, y tan solo retienen lo necesario para evolucionar.

Pasó el tiempo, Vala evolucionó a su segundo estadio, en este, ya se tiene más uso de razón y conocimiento, con lo que aprovechan para desarrollar sus habilidades de combate en duros entrenamientos. En su caso , fue su padre quien la adiestró, quien además de esmerarse en las técnicas de combate para convertirla en una Hartach de gran poder, también le inculcó las pautas para ser un ser de buen corazón, como lo era él. Al finalizar sus sesiones de entrenamiento, realizaba combates de práctica con su amigo Galdo, ella se estaba instruyendo en el arte del sigilo y combate con dagas, unidas a una técnica ancestral Hartach  del uso de almas y sangre, mientras que a Galdo, se le instruyó en el arte de la necromancia. Dichos combates eran muy reñidos y de gran intensidad, los cuales nunca tenían un claro vencedor, pues sus poderes estaban muy igualados, ya que en ambos casos sus conocimientos eran de niveles de iniciación a su especialidad.

Pasados los años, llegó el día en el que evolucionó a su tercer estadio, en este se ponía en práctica los conocimientos combinados de sabiduría, control de las almas, poder arcano y técnicas de combate más avanzadas, convirtiéndose así en grandes guerreros en sus ámbitos. La amistad entre Vala y Galdo se enfrió, pues los ideales de Vala inculcados por su padre, se distanciaban de los suyos, pues su única obsesión, era llegar a poseer un gran e inconmensurable poder, tal era dicha obsesión, que rápidamente alcanzó el cuarto estadio, mientras que Vala daba pequeños pasos en el conocimiento, para absorber todo a la perfección, pues ya sabía que las prisas no le llevarían a ninguna parte.

Durante este periodo de aprendizaje, muchos de los miembros de la raza Hartach empezaron a disidir con el padre de Vala, pues su actitud tan cordial pasó a no agradar demasiado, ya que se alejaba de las costumbres que habían dominado a los Hartach desde el inicio de su existencia, cosa que por extensión hizo que también se crease ese mismo sentimiento sobre Vala, quien poseía el mismo carácter. Aquello no le afectó, pues era lo suficientemente fuerte como para soportar esa tensión, aunque muchas veces, sus respuestas sentenciosas y directas no eran la mejor solución, y en más de una ocasión le originó enfrentamientos con los suyos. No obstante, aquellas tensiones nunca fueron a mayores, a pesar de todo, respetaban a su padre, pues era uno de los líderes y eso nunca lo cuestionaron.

Finalmente, Vala llegó a su cuarto estadio, con una destreza, un poder y una habilidad que muy pocos Hartach podían adquirir, sus esfuerzos y métodos habían resultado satisfactorios. Sin embargo, al poco de llegar a este estadio, su padre falleció por causas naturales. El resto de líderes, aprovecharon su falta, para poco a poco cambiar aquella situación de armonía que Ragah había conseguido crear, nunca llegaron a ser hostiles con otras razas, pero si muy reacios a contactos con ellos, e incluso se atrevían a infiltrarse de vez en cuando en acto vandálico, todo sin apenas importancia y pasando desapercibidos. No obstante, aquello molestaba a Vala en gran medida, e intentaba siempre detener a sus líderes y a su pueblo en este tipo de acciones, los líderes, sabios que son, la escuchaban y entraban en razón, sin embargo, el pueblo la veía como un estorbo en la evolución de lo que podrían llegar a ser los Hartach realmente. Lo que Vala desconocía en ese momento, es que la importancia de sus actos, van a tener mucho peso en la historia de su especie, y en la de todo Rahaylimu.

Lyna

Nacida en una granja al norte de Forn, construida por su familia generaciones atrás y donde  sus padres vivieron desde que se conocieron, trabajando duro durante las jornadas bajo el sol. Grande fue la felicidad que les invadió por el embarazo, cuidándose el uno del otro con gran empeño e ilusión, pero esa situación les estaba resultando extrañamente dura, aunque aquello no eran motivos para entristecerse, pues esperaban la llegada de su hijo o hija con gran entusiasmo. No obstante, el día del alumbramiento, el esfuerzo y el dolor que sufrió la madre fue tal, que sucumbió cayendo inerte ante los ojos de su marido, quien sostenía a su hija en brazos, sintiendo una mezcolanza de alivio por ver al fin a su hija sana y salva, pero también roto por dentro, pues su amada había fallecido, quien hasta ese momento lo era todo para él.

Enterró a su mujer con lágrimas en los ojos, y casi por instinto, cuido a su hija, pues su mente y su cuerpo no reaccionaron durante un par de semanas por la pena que invadía su ser. Finalmente, consiguió reponerse, empezando a darle las atenciones que la niña necesitaba, además de las tareas de la granja, a las que debía atender si querían seguir comiendo.

Lyna, así se nombró a aquella niña, pues así lo habían decidido antes de su muerte. No era una niña normal y corriente, su padre no tardó en darse cuenta del inmenso poder que albergaba, pues, aun siendo un bebé, entre llantos, le enseñaba con claridad lo que necesitaba a través de imágenes que se plasmaban en su mente, ya fuese comida, descanso, o lo que fuese que necesitase. Había oído hablar de ese tipo de habilidades, sin duda era telequinesis, una magia muy poderosa y que además aterraba a la gente.

Los años pasaron, y la niña crecía tanto como lo hacían sus poderes y habilidades, que con mucho cuidado ponía en práctica para controlarlo, siempre en lugares donde no pudiesen verla, pues nadie más que ellos debían saber qué clase de poderes poseía. Con gran dedicación y paciencia, la crio y ayudó con el control de estas habilidades, que en ocasiones, hasta él temía, pues eran portentosas. No obstante, Lyna posee un gran corazón y es bondadosa, pues jamás se le ocurriría usar su poder para causar mal o dolor a nadie.

A sus nueve años de edad, sufrió una terrible enfermad, su cabeza no podía soportar tal nivel de poder, era demasiado pequeña y su poder crecía más deprisa que su mente, lo que le causó un terrible dolor en su cerebro, pues era como si sus poderes se descontrolaran y se usasen sobre ella misma. Su padre, desesperado, fue en busca de ayuda a Forn, y a pesar de tener que revelar sus poderes, no cabía en él la posibilidad de perderla también, era lo único que le quedaba. Una vez en Forn le recibió su líder, Khan, un hombre amable y de gran bondad, fue a él a quien le pidió ayuda, pues no podía confiar en nadie más. Este le dijo que no se preocupase, que buscaría un remedio y se lo haría llegar, además de prometerle su discreción, salvo que fuese de total confianza.

Confiando plenamente en sus palabras, volvió para atender a Lyna, que cada vez parecía estar peor, pasaron la noche en vela, y con los primeros rayos de sol se les presentó una mujer en el umbral de su puerta. La enviaba Khan, su nombre es Rin, es la líder de una aldea llamada Galdin y una muy poderosa chamán. Se amigó junto a Lyna, y haciendo uso de sus habilidades, se introdujo meditando en su espíritu, pudiéndola guiar y ayudándola para que retomase en control de su mente. A media mañana Lyna despertó, como si no hubiese pasado nada, pues gracias a la ayuda de Rin había tomado control de su poder. Le facilitó algunos consejos para que cuando sintiese molestias, no llegar a estos extremos y poder controlar su poder.

Durante los siguientes años, continuó desarrollando sus habilidades, al tiempo que ayudó a su padre en todas las tareas de la granja. Siempre que tiene la oportunidad, va a Forn, pues visitar su gran mercado es su mayor afición, le encanta aquel ambiente y la euforia al descubrir todo tipo de cosas que se venden allí, provenientes de todo Rethah y de vez en cuando algunas de otras partes de Rahaylimu. Lo que ella no sabía, es que el destino que le aguarda, va a ser más duro de lo que jamás hubiese imaginado.

Antón

Criado en el último templo de la orden de magos del cuadrado que seguía en pie, pues este estaba condenado al olvido como el resto. En él, tan solo residían un niño llamado Antón y un anciano, un mago elemental de gran poder, el último de los grandes magos del templo. El resto de jóvenes instruidos habían emprendido sus viajes en solitario, tan solo Antón permaneció junto a su maestro, para seguir adquiriendo conocimiento sobre la magia elemental, pues él no sólo quería llegar a ser un gran mago, sino que quería llegar a ser instructor de otros jóvenes.

Con gran atención y dedicación, atendía a todas las enseñanzas de su maestro, tomando notas y confeccionando libros y manuscritos que iba guardando cuidadosamente, para que el día de mañana les sirviera de guía a aquellos que como él, buscaban el camino del conocimiento y de la sabiduría arcana. Tras muchos años, aquel estilo de vida fue el único que Antón conoció, hasta que por inclemencias de la vida, el tiempo no perdonó a su maestro, que sucumbió por los estragos de la edad, decidiendo, entonces, partir con una caravana, marchándose del templo con todos sus documentos junto a él.

Antón recorría Rahaylimu en busca de más conocimiento, ampliando así su biblioteca particular, además de explorar e investigar otros antiguos y abandonados templos, en los que normalmente encontraba nuevos hechizos en pergaminos, y grimorios que añadida a su colección, pasaba largas jornadas estudiándolos, pues su dedicación y sus hobbies iban de la mano, tomando los altares de estudio como su lugar de confort, lo que más anhelaba en esos lugares era estar inmerso en el aprendizaje. En sus viajes, siempre estaba dispuesto a ayudar a las diferentes aldeas y aldeanos de Retath, ya fuese en cacerías que estaban fuera de su alcance, imbuyendo objetos para usos honorables o impartiendo paz, en los lugares donde la injusticia se le presentaba a su paso, sin pedir nada cambió, más que comida y descanso durante un día, pues no buscaba lucrarse, simplemente ayudar a aquellos que no pueden valerse por sí mismos.

Tras varios años de aventuras y aprendizaje, llegaron sus hazañas a oídos de un prestigioso comandante del ejército imperial de Rialtor, con lo que fue en su busca, para pedirle que adiestrase a los nuevos reclutas magos del ejército. Antón, sin dudarlo, acepto aquel reto, pues había conseguido acrecentar su poder y sabiduría, y ya era hora de que pusiese a prueba sus habilidades como instructor. Así fue, que durante mucho tiempo estuvo adoctrinándolos, y durante años, las fuerzas mágicas del ejército imperial aumentaron de forma considerable. A cambio, él recibía cobijo, comida y acceso a todas las bibliotecas y conocimiento de Rialtor, pues para él, aquello era mejor que cualquier recompensa económica.

A la vuelta de una misión, uno de sus discípulos le informo sobre un dragón que azotaba la zona de Galdin y Forn, que muchos cazadores habían intentado darle caza, sin éxito alguno. Antón decidió hablar con el comandante, informándole de su partida, pues los soldados estaban bien instruidos e incluso ellos mismos podrían adiestrar a los nuevos reclutas. Dicho eso, se despidió, recogió sus pertenecías y puso rumbo a Galdin, pues sentía la necesidad de acudir en su ayuda y acabar con esa bestia alada, que tantos estragos parecía estar causando. Aunque, para su ignorancia, aquel monstruo no era lo más peligroso que moraba por aquellos lares, ignorancia a la que el destino pondrá remedio, cruzando su camino ante un reto que pronto descubrirá.

Laitoh

Nacido en Forn, hijo de mercaderes de esa misma aldea, son artesanos del cuero y el metal, confeccionando diferentes tipos de enseres que venden en un puesto de suministros varios para cazadores, lugar donde se crió, pasando gran parte del día oyendo historias que le contaban los cazadores que por allí pasaban, su sueño era convertirse en uno de ellos, enfocado a la magia, pues esta le fascinaba. En los ratos que no estaba en el puesto, se iba junto a su mejor amigo Télcar, que, aunque menor que él, compartían la ilusión de ser cazadores, ambos salían por las afueras de Forn, fantaseando que vivían grandes aventuras combatiendo con todo tipo de criaturas.

Durante muchos años, Laitoh fue estudiando y aprendiendo todo lo que podía sobre la magia, ya sea de libros que llegaban al mercado, de consejos de otros cazadores y con la práctica, hasta iniciarse en conocimientos básicos sobre el control del poder arcano. A sus dieciséis años se vio preparado para partir en su peregrinaje, sus padres eran conscientes que ese día llegaría, y a pesar de apenarles la idea de separarse de su hijo, ambos se sentían muy orgullosos de él, y le animaban a que lo realizase y cumpliese su sueño. Le prepararon y pertrecharon con todo lo que podía necesitar, y finalmente partió de Forn acompañado un tramo por Télcar, finalmente éste decidió volver a Forn y Laitoh le prometió que un día volvería, y sería convertido en un gran mago. Reanudó su viaje en busca de sus cualidades, pues tenía claro que quería ser mago, sin embargo, no tenía decidido en que campo del poder arcano quería especializarse.

Durante su peregrinaje recibió muchas lecciones y enseñanzas de varios maestros arcanos, de diferentes ámbitos. En uno de esos días de viaje, pudo oír gritos tras una zona rocosa, sin pensarlo dos veces fue a ver lo que ocurría, observando cómo un par de hombres de gran corpulencia, uno de ellos equipado con una alabarda, y el otro con un inmenso mazo de guerra, estaban acorralando a una mujer, de baja estatura, vestía túnica y empuñando un cetro. Al parecer, aquellos hombres conocían a la mujer y amenazaban con arrebatarle la vida, Laitoh impotente, pensaba la manera de ayudarle, sin embargo, no tenía el suficiente poder y conocimientos para hacerlo.

Ambos hombres se lanzaron al ataque sobre ella, pero sin entender muy bien cómo, aquella mujer creó un muro mágico bloqueándoles el paso, al tiempo que evocó unas fuertes ataduras mágicas que los inmovilizaron. Laitoh asombrado, permanecía oculto expectante ante tal recital de sabiduría y poder de aquella mujer, pues a cada intento de ser atacada, contraatacaba haciendo uso de diferentes escudos, muros, cúpulas y demás protecciones mágicas que les impedía tan siquiera acercarse. La mujer les dio un último aviso para que desistieran en su afán de acabar con ella, que por más fuerza o poder que tuviesen no era nada comparado con su capacidad defensiva, morirían antes de agotamiento, sin provocarle un solo rasguño. No obstante, los asaltantes volvieron a insistir en un nuevo ataque, pero aquel sería el último, pues la mujer los evadió, mientras conjuraba una barrera en forma de pirámide sobre ellos, que acabaría dejándolos encerrados, cual celda en una mazmorra.

Con una sonrisa en el rostro, la mujer se dio media vuelta, remarcándoles su advertimiento, pero era benévola y que pasado un día el hechizo se desvanecería y volverían a ser libres, sin embargo, les tocaría quedarse encerrados allí todo un día, con lo que les aconsejo que no malgastasen sus fuerzas en intentar escapar, sería inútil. Tras aquellas palabras, la mujer volvió al sendero donde Laitoh la abordó impresionado, ella, ya había notado su presencia y lo atendió amablemente. Ambos anduvieron varios días juntos, donde Laitoh la hostigó a preguntas, peticiones de enseñanzas y consejos para convertirse en un gran mago como ella, un mago de apoyo defensivo. Finalmente, sus caminos se tuvieron que separar, pero ya tenía clara su especialización y dedico todo su peregrinaje en aprender, practicar y convertirse en un mago de aquella índole.

Tras varios años, consiguió su objetivo, y llegó a sus oídos que Forn había sufrido graves daños en su ausencia a causa de un terremoto, su familia no era una de las afectadas y su negocio seguía sin problemas, sin embargo, también le habían informado que los bandidos asediaban la aldea casi cada día, y tras participar en el torneo anual de Rialtor, probando su valía combatiendo contra todo tipo de contrincantes y llegando casi a la gran final. No perdió detalle tras la derrota, y dedico su tiempo a aprender más, viendo el resto de combates de las diferentes categorías, pues cualquier nueva información le valía, tras esto, partió hacia Forn, con la idea de ayudarles en la defensa y en la prosperidad de la aldea.

Al llegar no recibió la cálida bienvenida que esperaba, pues la aldea estaba siendo asaltada por centenas de bandidos, estando únicamente su amigo Télcar reteniéndoles y claramente haciendo uso de sus últimas fuerzas. Sin dudarlo un instante, acudió en su ayuda, cubriendo la aldea entera con una inmensa cúpula azul zafiro, impidiendo que los enemigos entrasen, además evocó una decena de cadenas mágicas que envolvieron a los enemigos, tanto bandidos como criaturas de todo tipo que luchaban en su bando, inmovilizándolos y dejándolos fuera de combate. Tras ayudar a su amigo a expulsar a aquellos bandidos, celebraron su regreso. Sus padres copados de orgullo, le recibieron con una cálida bienvenida, y desde ese día Télcar y Laitoh se convirtieron en una de las defensas más poderosas de toda Rethah, defendiendo Forn y a sus habitantes de cualquier peligro que intentase perturbar la calma en ella.

Télcar

Hijo de campesinos, nacido en la aldea de Forn, criado en el campo, desde muy pequeño tomó la responsabilidad de los cuidados de la granja junto a sus padres. En su tiempo libre, acompañaba a su amigo Laitoh a explorar por los aledaños bosques de la aldea, por donde fantaseaban imaginado que eran fuertes, hábiles y respetados cazadores.

Su carisma e ímpetu era inusual, siempre alardeaba antes las jóvenes de la aldea, exhibiendo su fuerza, pues la dureza del campo lo había convertido en un fornido hombre desde temprana edad, a pesar de que la mayoría pensase que era un fanfarrón, todos le querían, pues no sólo era diligente, protector y honrado, sino que su carisma animaba a la gente y sus bromas y sentido del humor eran únicos en la aldea. Tan así es, que sus padres, los días de mercado, lo mandaban a él para la venta de los productos cosechados.

Cuando su amigo Laitoh cumplió los dieciséis años, partió en su peregrinaje a cumplir su sueño de convertirse en mago, sin tener muy clara su especialización, la cual escogería durante su viaje. Télcar le acompañó un tramo en el momento de dejar Forn, donde se despidieron, prometiendo Laitoh regresar algún día convertido en el mago que ansiaba ser, separándose sus caminos y volviendo Télcar a la aldea.

Pasados unos años, los padres de Télcar murieron por causas naturales, quedando él a cargo de la granja, lo que le obligo a dedicarle todo su tiempo, cosa que hizo que se fortaleciese mucho más. Un tranquilo día, un gran terremoto sacudió la zona, afectando en gran parte a la aldea de Forn, sufriendo grandes daños estructurales, entre los cuales se encontraban las tierras de Télcar, perdiendo su granja y sus campos, que quedaron gravemente dañados e impracticables. Aquello fue un duro golpe para su moral, pues era lo único que tenía y lo único que sabía hacer.

Aquella catástrofe atrajo a centenas de bandidos a Forn, saqueando lo poco que les quedaba, aprovechando su vulnerabilidad, pero Khan, su líder, les defendía con gran esmero, a pesar de su avanzada edad, que le jugaba malas pasadas. En una de las incursiones, Khan se vio superado en número, durante una escaramuza, quedó malherido e incapaz de mantenerse en pie, lograron separarle de su resplandeciente y majestuoso escudo, que tras un fuerte golpe le fue imposible hacerse de nuevo con él, quedando este desvalido en el suelo, indefenso y rodeado por una decena de enemigos. Télcar, cansado de las injusticias y de la vandálica conducta que les invadía, no ignoró aquella situación y corrió en su auxilio, agarrando aquel escudo, con el que defendió a Khan, a Forn y a todos sus vecinos y amigos, pues su gran fuerza física le dotaba de una gran habilidad defensiva y ofensiva insólita con aquel escudo. Khan, incrédulo a lo que estaba presenciando, no pasó por alto sus grandes cualidades, ofreciéndole una alternativa a su vida, que parecía estar rota desde que perdió su granja. Se comprometió a entrenarlo y a prepararlo para convertirlo en un gran paladín, defensor y cazador de Forn. Sin dudarlo un instante, y durante muchos años, se entrenó hasta convertirse en un talentoso guerrero, equipado con el escudo de Khan, el cual le había regalado, en una muestra de gratitud por su esmero en la defensa y por la brillantez en sus cualidades como paladín.

Pasados dos años de la catástrofe, se reunieron varias facciones de bandidos, ya no para asaltar la aldea, que ya había recuperado su esplendor, sino, en busca de venganza por las infinitas humillaciones recibidas en sus intentos de asalto anteriores. Cercanos al centenar, traían consigo criaturas de todo tipo, en busca de Télcar, que a duras penas resistía el continuo ataque de los enemigos, y ya cuando sus fuerzas llegaban a su límite, una inmensa cúpula mágica apareció sobre Forn, al tiempo que los bandidos se veían mermados gracias a decenas de cadenas moradas mágicas que les atraparon, bloqueando también a las criaturas más peligrosas y poderosas. Télcar busco con la mirada al responsable de aquello, viendo tras él como se acercaba su amigo Laitoh, habían pasado varios años, pero sin duda lo reconoció y desde entonces, y después de expulsar a los bandidos, combatieron codo con codo en la defensa de Forn, fortaleciendo sus habilidades y su amistad, convirtiéndose ambos en la defensa más impenetrable de toda la región, ignorando la relevancia de sus acciones, que marcarán un antes y un después en el destino de todo Rahaylimu.

Sansfear

Sansfear, mago elemental, protagonista de esta historia, la cual se inicia en la aldea de Galdin junto a su amigo de aventuras Angeal. Procede de una familia de gran prestigio y poder en la capital de Rethah, la majestuosa Rialtor.

Desde temprana edad, sus padres le asignaron un maestre que le inculcaba conocimiento y sabiduría, y educaba para que en un futuro honrase el honor y prestigio de su familia, del mismo modo que todas sus generaciones pasadas lo hicieron. No obstante, su maestre, además de prepararle para la vida que sus padres habían planeado para él, le adoctrinó también en conceptos muy básicos sobre la magia y el poder arcano, que reside en todos y cada uno de los seres, pareciéndole al joven estudiante, de un interés que le atrajo en sobremanera. Tras observar su entusiasmo, el maestre cortó el tema de raíz, dejándole claro que no debía profundizar, este podría desviarle de sus obligaciones. No obstante, la curiosidad de Sansfear no conocía límites, como la de cualquier niño al conocer la magia, pues había algo en su interior que le decía que la magia era su sino.

Tras varios días investigando y aprendiendo por su cuenta, llego a sus oídos la existencia de un mago elemental, que vivía por los barrios pobres de la ciudad, vagando por ellos cual mendigo. A pesar del riesgo que conllevaba que alguien de su clase se adentrase en aquellos lares, no lo dudó un instante, escapando de casa, en busca del mago. Como era de esperar, era el objeto de todas las miradas, hasta que finalmente un grupo de cuatro hombres se le acercaron y le rodearon, en cuanto iban a hacerse con él, un fulgurante aro de fuego apareció a su alrededor, quemando a sus captores, obligándoles a desistir en sus intenciones. Sansfear, incrédulo, buscó por doquier y localizó a un hombre de entrada edad, ropajes rotos y sucios y una gran y descuidada barba blanca. Sin duda, era el mago al que andaba buscando, tras acercarse a él y conversar largo y tendido, le pidió que le enseñase magia. El hombre amablemente accedió, y durante días, el joven se escapó de casa para aprender lo elemental, sobretodo de aquella que concernía al elemento del fuego, pues el anciano provenía de la orden de la salamandra, especialistas en este elemento. Aquel abandonado y desdichado mago, se convirtió en su mentor y su amigo.

No todo fueron buenas noticias para el muchacho, ya que llego a oídos de sus padres, las furtivas actividades que su hijo llevaba a cabo, le amenazaron con expulsar al mago de Rialtor y encerrarlo a él en casa, si volvía a escaparse y seguía en ese camino de la magia. Fue un golpe muy duro para Sansfear, sin embargo, decidió ir a visitarle una vez más, con la intención de ver a su amigo y despedirse, a la vez que informarle de lo ocurrido. Aquel mago encadenó una serie de palabras, que calarían a partir de entonces bien hondo en él, estas fueron que no se preocupase por él, todo ocurre con algún fin, que no dejase la magia, ya que su poder arcano latente era descomunal, y que podría llegar a convertirse en un gran mago elemental, le animó además a hacer el peregrinaje. Sansfear, no lo dudó un instante, agradeció todo lo que había hecho por él, y volvió a casa, se preparó un macuto y dejó una nota a sus padres, y sin mirar atrás, partió decidido a iniciar su peregrinaje. Este estuvo lleno de aventuras y emociones, en él, se instruyó y aprendió sobre los cuatro elementos, de otros magos y practicando, valiéndose del fuego para superar cualquier adversidad que se encontrase o se interpusiese en su camino.

Durante largo tiempo viajó por Rethah, aprendiendo y mejorando sus habilidades, hasta que un día decidió volver a casa, sabía que sus padres no querrían recibirle, pero aun así lo intentó. Como esperaba, sus padres se enfurecieron al verle, aunque, en sus palabras notaba gran preocupación, sin duda por todo el tiempo que había estado desaparecido. Intentaron en la desesperación retenerle, tras la negativa del chico a volver a la vida que tenían para él, pues su destino era muy distinto, y aunque quisieran, no podían impedírselo. Durante esa misma visita, se realizaba el torneo de Rialtor, donde se enfrentaban en combate guerreros y magos de todo Rahaylimu. Sansfear se inscribió, colocándose en una categoría adecuada a su edad, con afán de demostrar a sus padres de lo que era capaz y de lo lejos que podría llegar. Fue en ese torneo donde conoció a Angeal, que también participaba, coincidiendo en el combate de la ronda final, donde se enfrentaron, siendo este duelo de gran intensidad y propició mucho interés entre los participantes, y que finalmente terminó decantándose proclamando como ganador a Sansfear. Su dominio de la magia, para ser aún un niño, era inigualable. A pesar de aquello, sus padres seguían reticentes a que renunciase a sus obligaciones familiares, con lo que decidió volver a escaparse, para partir en un nuevo viaje, con la intención de seguir aprendiendo. Antes de partir, en una de las entradas de Rialtor, se encontró con Angeal, y tras ver que sus objetivos eran los mismos, aunque por motivos distintos, decidieron emprender juntos el viaje, en el que por años vivieron grandes aventuras, aprendieron tanto como pudieron y se prepararon para un destino que jamás imaginarían.

Se’irim.

Los Se’irims son seres de raza humana, su existencia en Rahaylimu es mucho más reciente que el de la mayoría, se remonta a unos pocos milenios atrás, aparecieron en una época en la que los Sintiary y los Hartach hacía poco que se habían proclamado como vecinos territoriales. En la actualidad, poseen el mayor número de población, extendiéndose por muchos territorios a lo largo de todo el globo, la saga transcurre en la región de Rethah uno de estos territorios, cuya capital es la gran e imperial ciudad de Rialtor, desde donde parten nuestros protagonistas hasta llegar la aldea de Galdin, donde comienza nuestra historia.

Son una raza pacífica, mediadores en las disputas, buscan el diálogo y la sensatez para resolver conflictos, no obstante, no se les debe subestimar, los Se’irims son poderosos y muy versátiles en sus estilos de combate. No poseen una habilidad natural o ancestral como los Sintiarys o los Hartach, debido a su capacidad espiritual y arcana, pueden escoger el o los talentos a desarrollar, ya sea decantarse a la magia, o al combate físico, tanto de manera ofensiva como defensiva. Para realizar y alcanzar dichas habilidades, todos los Se’irims que desean seguir ese camino, deben realizar un peregrinaje a muy temprana edad, lleno de pruebas, misterios y aventuras, donde aprenderán en su camino cuál es su mayor virtud y obtendrán su recompensa, recibiendo conocimientos de grandes maestros, ruinas, escritos, e incluso algunos nuevos desarrollados por ellos mismos.

Una vez son conocedores de su especialidad y tras un duro entrenamiento, combaten cualquier amenaza si el diálogo no les resulta eficaz, no obstante y a pesar de su peregrinaje, se dice que los verdaderos maestros y portentos de la raza Se’irim, realizan un segundo peregrinaje en su etapa adulta, especializándose en su rama escogida para pasar a ser maestros o diversificándose pasando a ser sabios y versátiles, sin embargo la dureza de este es conocida por todos, incluso puede llevarles a la muerte, pero los que logran superarlo, son dotados de habilidades que hasta para ellos son inimaginables.

Otro rasgo a destacar, es la gran curiosidad por explorar los más recónditos y secretos lugares de Rahaylimu, es solo uno de los motivos por el que hacen el peregrinaje, les entusiasma investigar todas las rarezas que hay escondidas, porque las hay, y muchas, ya sean procedentes de una civilización ancestral, por los Sanrak, quienes esconden objetos de gran valor mágico, ya sean lugares o historias históricas, runas o armas y armaduras legendarias que albergan un gran y desconocido poder, cualquier cosa oculta y de rareza para ellos, la intentan aprender, averiguando todo sobre estas. Su juventud como raza los limita en conocimiento, en comparación a otras, aun así, es cuestión de tiempo que los alcancen e incluso los superen, ya que tienen un gran espíritu de superación que les impulsa a ello.

Rahaylimu

Rahaylimu es el nombre del planeta en el que se desarrolla esta historia, Sansfear y Angeal, los protagonistas, son Se’irim, humanos que viajan y se encuentran con Galdin, una aldea en territorio Rethah. Los Se’irim son pacíficos y serviciales seres, que protegen a los débiles y combaten a los opresores. Los Sintiary son una raza energética, que toma forma física a través de la naturaleza, adoptan forma antropomorfa para relacionarse con el resto de especies de Rahaylimu, se les conoce como los creadores de vida. Los Hartach, también de morfología antropomorfa, se asemejan mucho a demonios, estos son los creadores de muerte, y aunque no suene muy amistoso, son una especie fascinante y compleja que lucha por su supervivencia. Los Sanrak, una orden de magos ancestrales expertos en el uso de la magia rúnica, amantes del conocimiento y muy reservados, de apariencia dura, piel azul y llena de símbolos rúnicos. Los Goritias, se originaron como especie al sur de la gran falla, evolucionaron de un insecto, tras miles de años de evolución, estas grandes criaturas se han reproducido y extendido por el territorio sin oposición, hasta que por motivos geográficos se han encontrado con los Se’irim y los Sanrak, temiendo a estos últimos, pues sus conocimientos mágicos contrarrestan a grandes rasgos su forma de actuar. Quedando  por el momento solo un sitio por el que expandirse, el territorio de Rethah.

Al norte de los territorios de los Se’irim, Sintiary y Hartach, vivían los Quida, raza que se extinguió, pues vivían en una fértil y verde llanura que sufrió una gran catástrofe natural, su territorio se emplazaba sobre una gran caldera que entró en erupción. Tras la explosión y la siguiente nube piro plástica, los pocos que sobrevivieron fueron esparciéndose por el mapa y  pereciendo. En la actualidad de esta historia, a este territorio se le conoce como la región prohibida, pues años después de la catástrofe, tanto los Sintiary como los Hartach iniciaron una guerra por la conquista de este, conocida como la Guerra Antigua, ningún bando venció, ambos se vieron mermados de tal manera que desistieron en su conquista, no antes de aportar, involuntariamente, lo que sería la peor de las catástrofes mágicas, el residuo arcano, tornando el rico ecosistema de esa zona en un páramo desolado, en el que solo mora el residuo arcano y las almas de los que perecieron en la catástrofe junto a los caidos en la guerra antigua.

Baluarte Salvana.

Mir llegó a la puerta del Baluarte, este presenta unas columnas de ladrillos de piedra rojiza, inclinadas desordenadamente, encumbradas por un arco tudor abocinado y asimétrico a modo de porche, resguardando un gran portón de madera de sequoya, los muros son robustos y escorados hacia dentro, concibiendo una cúpula sexpartita desigual en su interior, grandes vitrales en forma de lágrima en las paredes laterales y un campanar que se alza en lo más alto de la esquina sur-este del edificio. Mir hizo sonar el picaporte enérgicamente.

  • Mir: Riiiiin soy yo, Mir, ¿estás en casa?, hay un mago elemental en la entrada sur que pregunta por ti.

Al no obtener más que el silencio por respuesta, Mir tiro del picaporte, comprobó que la puerta estaba abierta y entró al gran recibidor. Este, amueblado como en una gran biblioteca, con una gran mesa central cubierta de pergaminos y mapas de diferentes regiones de Rahaylimu, miró en todas direcciones y vio una de las dependencias iluminada. Corrió hacia ella y pudo observar que la estancia estaba colmada de raíces, hiedras, pequeños arbustos y flores silvestres, al entrar vio a Rin sentada en el suelo en posición de loto, los ojos cerrados y rodeada de velas distribuidas por toda la sala, blancas en el umbral de la puerta y ventanas, y azul celeste rodeándola, dando así, un ambiente cálido y acogedor. A su alrededor, casi imperceptible, se apreciaba un aura de energía traslúcida que su cuerpo parecía estar absorbiendo. Rin es una mujer hermosa y enigmática, de proporciones menudas, con ojos grises y rasgados, de mirada penetrante. Su cabello largo y canoso hasta la cadera, trenzado y anudado en su extremo con bellas plumas de águila real. Las arrugas de su frente revelan su mediana edad, la piel de su rostro está trazada con pinturas en tonos rojizos y verdes, símbolos de su erudición. Vestida con una mezcolanza de telas y plumas, ornamentada con orfebrería a base de minerales, corteza, hojas y raíces, sus pies curtidos lucían unas babuchas con el talón descubierto. Mir sabía que estaba meditando, ya que en alguna otra ocasión le había visto hacerlo, aun así, se acercó a ella despacio, le tocó con una mano en su hombro, y le susurró…

Télcar y Laitoh.

Ante ellos, cayó un paladín con cabello ondulado, largo, negro y mechones canosos, estatura media, de piel morena ajada por el sol, facciones angulosas y definidas, musculatura desarrollada, corpulento y sonrisa atractiva. Viste una armadura pesada de adamantino, una espada y un escudo de cuerpo entero el cual interpuso entre ellos y la llamarada.

  • Télcar: ¡¡¡Laitoh ahora!!!

Tras él llegó un mago de baja estatura y complexión delgada, cabello largo hasta los hombros, castaño y lacio. Un hombre adulto con rasgos faciales que denotan experiencia y simpatía a la vez . Viste una túnica larga y negra con detalles verde oscuro, con mucho vuelo. Apareció corriendo desde el bosque colocándose tras Télcar, lanzó un hechizo que les cubrió a todos, reforzando el gran escudo del paladín. La llamarada impactó en este, empujándole y deteniendo el golpe inicial, aunque lo arrastró hasta que consiguió anclarse en el suelo, la llamarada se abrió camino rodeando el escudo, pero de igual manera, el escudo mágico a modo de cúpula les cubrió extendiéndose desde el escudo de Télcar, formado por hexágonos de energía unidos entre sí, amortiguando la propagación ígnea. El dragón rugió y ascendió nuevamente desapareciendo en la oscuridad del cielo.

  • Sansfear: No sé quiénes sois, pero nos acabáis de salvar la vida.
  • Télcar: Me llamo Télcar, y este de aquí es Laitoh.