Perfos

Nueva raza en nuestra segunda entrega.

Raza de gigantes, conocidos por todos como los gigantes azules, pues el frío de las latitudes de su región es propicio para que todo en aquel territorio tenga un tenue tono azulado. El doble de la talla de un Rethah, barbudos, calvos y tremendamente fuertes físicamente, su musculatura y agilidad rivaliza con cualquiera de los animales salvajes de la zona, que son también enormes y feroces. Se dice que no tienen sangre, o que su sangre es azul, pues la mayoría suele no protegerse del frío. Popularmente ataviados con largos pantalones bombachos de piel, atados a la cadera con una gruesa cuerda adornada en su extremo con lo que para ellos son pequeñas dagas, las cuales se cree que son las armas de sus enemigos más sanguinarios, que ahora, después de ser vencidos, les adornan recordándoles aquella pasada guerra. De torsos descubiertos, la mayoría luciendo altivamente sus cicatrices, engalanadas con los tatuajes que representan las batallas conquistadas. Se cuenta también, que a los jóvenes de Perfos, se les enseña a través de cuentos explicados por medio de los tatuajes, reviviendo, cada uno de sus miembros, los gloriosos momentos que sus puños les han otorgado.

En su ser permanece la barbarie que sus antepasados desempeñaron, son reacios a cualquier avance social, así pues, siguen viviendo en reducidos grupos, ocultos en enormes cuevas horadadas en la helada tierra, solo visibles en la lejanía por las pequeñas aldeas de tiendas que adornan cada entrada a modo de torres vigía. Experimentados mineros y expertos herreros, de sus cavernas surge la mayor parte del hierro, cobre y minerales varios que envían hacia la región de Rethah, con quienes y a pesar de su carácter, mantienen buenas relaciones comerciales.

Su uso de lo arcano es si no, más bien rudimentario, utilizándolo básicamente como envoltorio interno de sus cuevas para mantenerlas sin derrumbes, y a su vez, protegiéndolas de cualquier asalto indeseado.

De carácter recio, no se dejan engañar por triquiñuelas, y cualquiera que lo intente es rápidamente recibido con violencia, perversamente astutos y preparados para cualquier tipo de contienda, sea a la antigua o mágica. Perfectos anfitriones si te ganas su confianza, atentos, sinceros y dados a compartir su mesa si la historia que tenga que contar su huésped, es según sus estándares, interesante.

Sus dominios se han ido reduciendo a lo largo de los siglos, limitado según sus antiguas leyes, por el hielo, el cual siempre ha dominado en sus vidas y el cual se ha ido reduciendo hasta confinarlos en lo más al norte de Rahaylimu. No hace muchos siglos, sus cuevas se abrían paso por el entonces helado Mar Gaspiano, pudiendo caminar por sus profundidades, descongelando todo tipo de animales subacuáticos para su sustento. Actualmente quedan algunos restos de esas azules cavidades al sur de sus dominios, limitando directamente con el vaivén de las olas que poco a poco van devorándolas.

Kurumante

Nuevo personaje en la segunda entrega de la #SagaGaldin

Lo que todo Itih es por definición, emprendedor, resuelto, inventor, ingeniero, y siempre en busca de nuevos artilugios que puedan satisfacer alguna de sus rutinas. Las ideas explotan en su cabeza, y aunque son tranquilos y sosegados, a Kurumante le encantaría ser más rápido, pues sus invenciones se acumulan en su mente, y siempre va varios pasos por delante de sus colegas creadores.

Nació en la antigua tierra Itih de Sorva, mucho después de que sus antepasados se marcharan con Athelán hacia otra región remota, durante su vida siempre había oído historias sobre esos atrevidos exploradores, halagadoras y menospreciantes, todo un conflicto de relatos que no han hecho más que marcar su vida y las de todos los Itih.

Pronto se vio abrumado por la sencillez y la rutina de sus quehaceres, necesitaba innovar, ¿cómo? Pues gracias a todas aquellas historias, era conocedor de una substancia que poco agradaba a sus vecinos, el residuo del poder arcano. Por este motivo y a espaldas de sus conocidos, trabajó en el más absoluto anonimato en decenas de artilugios de todo tipo, para cualquier uso en cualquier aspecto de sus vidas. Pero, estas prácticas no son sencillas de esconder, pues necesita de un cuantioso gasto de poder arcano para que se genere el suficiente residuo, para poder siquiera trabajar con él.

El gran consejo Itih no se demoró en darse cuenta de sus ausencias, y de las practicas que llevaba a cabo, le reprendieron cual vulgar ladrón, y le obligaron a desempeñar trabajos que ningún Itih querría. Como mantener relaciones saludables con sus vecinos de región para vender sus artilugios y adquirir, cuando fuese necesario, las materias primas para poder continuar con los progresos mecánicos.

Confinado en una enorme sala de subastas, pasaba los días ingeniando nuevos proyectos que nunca podría llevar a cabo, hasta que, para sorpresa de todos, una comitiva de Athelán irrumpió portando noticias, víveres y algún que otro invento que para sus paisanos no llamase excesivamente la atención. Pero si llamó la atención de Kurumante, quien se apresuró sin motivo alguno, pues nadie más parecía tener la misma intención, de querer atenderles. Disimuló cuanto pudo, frunciendo el ceño y exagerando para que todos viesen sus negativos ademanes, y poder hablar con ellos a escondidas sobre la veracidad de tantos relatos que hubo oído durante su vida.

Fokux, líder de la expedición Athelán, no dudó en que se uniese a ellos, y tras el paso por la sala de subastas, se dirigió directamente a hablar con el ahora dirigente Itih, ofreciéndole a cambio de la liberación Kurumante un favor entre líderes.

Así pues, Kurumante marchó con la comitiva, a lo que sería para él el mejor de los destinos posibles para expandir su ingenio, y explorar aquellas ahora no prohibidas maquinaciones con el residuo del poder arcano.

Maiken

Nuevo personaje en nuestra segunda entrega.

El sexto de ocho hermanos, hijo de una de las familias más poderosas de Rialtor, encargada del buen uso del poder arcano en la ciudad, y enemistada desde hace varias generaciones con la familia Priontre, la cual es encargada de salvaguardar y asignar los objetos mágicos así como mano derecha del dirigente de la región, quienes bajo su consigna, incautaron varias reliquias de la familia Vhudo, lo cual inició las hostilidades entre ambas.

A sus ocho años, asistió tal y como marca la tradición, al banquete de inauguración del Torneo de Rialtor, donde se encontraría con los demás hijos de las otras casas. Sus ojos se posaron en Verna Priontre en aquella edición, una hermosa muchacha de su edad,  entablaron amistad sin tener en cuenta las prioridades de sus padres. Crecieron juntos, y cuidaron el uno del otro, hasta que Verna cayó enferma a pocos días de cumplir sus catorce. Maiken se encontraba a las afueras de la ciudad, practicando con su maestro de armas el tradicional manejo arcano de sus puños, es excelente en su uso, así como verdaderamente ágil y sigiloso en sus movimientos, sin duda daría muchas alegrías a su familia, en opinión de su padre. Y es por esto que confiaron en él para la nueva misión familiar, tuvieron noticia de la existencia de un objeto que para ellos no era más que una mera leyenda, y que por encima de todo debían poseer, pues con este y la recuperación de sus reliquias sustraídas, ganarían el poder suficiente como para poder imponerse como dirigentes.

Maiken recibió la misiva durante su entrenamiento, y raudo partió a despedirse de Verna, quien solía por las tardes, disfrutar de las vistas de los jardines al norte de la ciudad, siempre acompañada de sus amigas. Pero, no la encontró con ellas, y estas le comunicaron que no la habían visto en todo el día, así pues, y contrariado, decidió buscarla, empezando por Villa Priontre, donde conocían y rehusaban de la relación de su hija con él. Intentó entrar por la puerta principal, los guardias le cerraron el paso, pues tenían órdenes explícitas de no dejarle pasar, así pues, resignado, y sin saber por qué no había salido de su morada, se empeñó en averiguar qué ocurría. Escaló los muros y se coló por las mazmorras, donde pudo ver al sanador del castillo, le siguió y averiguó muy a su pesar, que Verna yacía pálida, se acercó, tomó su mano y le acarició la fría y sudorosa frente. Supo entonces que su dolencia era mortal, lenta y muy difícil de sanar. Por lo que se conoce, solo algunas hiervas de la región de Perfos, pueden someterla, pero aún y así, no es seguro que pueda erradicarla. Lord Priontre apareció en ese momento, furioso por verle, pero en su mirada logró obtener el perdón en su corazón herido, se le acercó y posó su mano en su cabeza, a la vez que posaba la otra sobre las manos entrecruzadas de ambos jóvenes.

—¿De cuánto tiempo dispongo? Preguntó Maiken al sanador.

Se puso en pie, y pidiéndole permiso con la mirada a Lord Priontre, abandonó la Villa. Decidido se encaminó hacia el norte, a las gélidas tierras de Perfos, con el pergamino de la misión de su familia olvidado entre sus ropajes, teniendo como único objetivo encontrar ese atisbo de esperanza que las extrañas plantas pudiesen darle. Duro fue su viaje, y aunque sus intenciones fuesen buenas, no lo eran tanto sus formas, y se encontró con obstáculos que le impidieron culminar con sus deseos, no se rindió, no al menos durante un largo año de intentos desesperados, hasta que se resignó. Pero, y ya lejos de encontrar las fuerzas suficientes, finalmente, en una taberna al oeste de Rialtor, cerca del Mar Gaspiano, vio la posibilidad y resurgió la esperanza en su corazón.

Alessa

Alessa – Descubre nuestros personajes.

Rebelde muchacha de unos dieciocho años de edad, pelirroja, de larga y cuidada cabellera ondulada, suaves facciones y ojos pardos, esbelta, apasionada y curiosa, ávida aventurera, descendiente de una casa noble de Rialtor, el ojo derecho de su padre Raxio, quien siempre la alienta en sus inquietudes. Por el contrario, Roan, muy arraigada en la sociedad y el protocolo de la alta cuna, su madre siempre le inculca y le reprime, con afán de no destacar en lo que para su juicio no corresponde con una muchacha de su estatus. Tiene el favor de una de las más importantes casas de la capital de Rethah, y es por ello, que sus mandatos prevalecen bajo su techo y nadie se atreve a contradecirla sin esperar una severa reprimenda a cambio. Su apellido sufrió un severo revés al ser su marido acusado de traición por albergar bajo su techo a un joven buscado por la ley de los hombres, y tras esto y la pérdida de su reconocida posición, Roan se ganó el afecto de aquellos señores solteros que anonadados por su belleza y determinación intentan ganarse su favor.

Desde su niñez, siempre ha sido diferente a sus compañeros de juegos, y más adelante de sus compañeros de estudios, pues en ella siempre se ha impuesto su impetuosa personalidad, al contrario que sus habilidades por lo arcano, cosa que a ella no le agradó demasiado, pues sentía curiosidad por aquello que evolucionaba a su alrededor, y utilizar la magia siempre ha sido algo que le ha llamado poderosamente la atención. Incapaz de dominar lo básico, aun practicando en cualquier ocasión que su tiempo le permitiese y recibiendo por parte de Raxio toda la ayuda que le fue posible, el poder arcano, para ella no fue más que algunas insignificantes chispas entre sus dedos.

Su dicha culminó, cuando un día de hace algunas semanas, despertó tras una terrible pesadilla, terrible, pero emocionante también, pues en esta, se encontraba en un oscuro lugar, con oscuras y terribles criaturas a su alrededor, quienes por alguna extraña razón la observaban. Asustada intentó moverse, y se halló tumbada e inmovilizada, sobre lo que parecía un altar de piedra negra, imposibilitada mágicamente en su hablar, pudiendo únicamente mover sus ojos. Se percató de una levitante y tenebrosa sombra que se le acercaba por sus pies, que una vez hubo llegado a ella, unas espectrales manos se posaron sobre las puntas de sus dedos y unos violetas ojos, fulgurantes cual llamas, aparecieron de súbito y la observaron fijamente, precipitándose hacia su cara, momento en el que despertó. Taquicárdica abrió sus ojos, calmándose al situarse en su habitación, y tras un instante, volviendo a acelerar su corazón al volver a notar su imposibilidad de movimiento. Su asustadiza furia interna se desató en ese instante, estallando desde su interior un aura magenta que la liberó de sus mágicas ataduras y que a su vez se expandió fuera de su alcoba, despertando y alertando a quienes habitan en su morada. Sorprendida por igual por lo que al instante sucedió, pues al parecer, se encontraba levitando, y cayó a plomo sobre su cama, apeándose cual resorte aterrada por lo incomprensible de la situación. Raxio fue el primero en llegar a su umbral, y sorprendido se encontró con una puerta que casi le golpea en los morros al abrirse, y hallándose cayendo de culo al suelo por el placaje que su hija le hubo propinado. Envuelta en la magenta aura, e irradiando en sus ojos de igual color, cual pulso de su corazón. Roan, atemorizada por el qué dirán, esperó a que Raxio partiese en misión con el ejército Imperial y la recluyó desde entonces en las oscuras y gruesas mazmorras de su hogar. Y así pues, pudo explorar sin descanso, sus nuevas capacidades extrañamente adquiridas.

Viaje en el tiempo.

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—Dime Rin, ¿qué es lo que ocurre?

—Gracias por darte prisa, Antón, está volviendo a ocurrir, debes volver a abrir la grieta.

—¿Grieta? ¿Qué grieta?

—Como la de Fuigen. Está aquí mismo, ¡observa!

—¡Cierto! Aunque… esta es mucho más tenue.

—Sí, lo es. Pero presiento que esta vez va a ser muy importante poder abrirla.

—Está bien, ¡vamos allá!

Antón dio un paso al frente, encarando aquella leve y cuasi imperceptible fisura, extrajo levitando de su túnica la Esperalita, situándose ante sí, mientras que con sus manos gesticuló rotativamente, pronunciando un conjuro atípico de un mago elemental. Rin observaba sin mediar palabra, contemplando el aura purpura que se generaba envolviendo las manos de Antón y que al instante también lo hacía en la Esperalita, iluminándose intensamente y vibrando suspendida en el aire. Tras unos segundos el aura se transfirió hacia la fisura, volviéndola completamente visible y abriendo una especie de brecha en el aire, desde la que pudieron ver un paisaje totalmente desconocido para ellos. Rin se acercó a la brecha, sonriente, tendiendo la mano hacia su interior.

—Bienvenidos de nuevo, amigos —dijo ella al tiempo que alguien le agarraba la mano desde el otro lado.

Jornada previa.

Una temprana mañana de primavera amanecía empapada en la aldea de Galdin, sus aldeanos ya hacían acopio de la fresca hierba, recolectan caracoles y visitan los frutales. Los cazadores hacía ya un par de horas que partieron, al amparo de la noche, en busca de una presa digna de abastecer a la aldea, por lo menos, durante esa jornada. Kell, una muy joven muchacha encabezaba la partida de caza, se había ganado ese honor, pues a pesar de su corta edad, sus habilidades y predisposición eran superiores a las del resto, y lejos de ser víctima de las envidias, todos la quieren y apoyan. Durante la tarde del día anterior, recibió un encargo muy importante, procedente de Rin, su chamán y líder, tan explícito como extraño, pues le dijo que debía llegar a la explanada de los sables antes del amanecer. Y así lo hizo, acompañada por Dylan y Niar, quienes fieles la seguirían fuese donde fuese.

La explanada se encontraba solitaria, y decidieron rodearla por la linde del bosque, hasta llegar a las pedanías del copioso río, donde Kell esperaba sorprender a algún animal con sed matutina. Se hallaron solos en aquel idílico paraje, donde teniendo en cuenta la dirección del viento, se apostaron a la espera de su presa. Aprovecharon a desayunar ricas almendras tostadas, y se acercaron a beber las frescas aguas salvajes. Momento, en el que gratamente les sorprendió el banco de salmones que empezaba a remontar el río. —¿Será por esto por lo que Rin nos mandó aquí? —se preguntó Kell. Llevada por esa idea, y recordando que en su macuto siempre lleva una red, decidió, con la ayuda de sus compañeros, llevar pescado fresco a la aldea. Durante los preparativos, el sol asomó por entre las copas de los árboles, momento en el que decidieron mojarse los pies y comenzar su jornada de pesca. La alegría no les duró demasiado, pues distraídos como estaban, no se dieron cuenta que alrededor de una decena de sables había irrumpido en aquella parte del río. Asustados, perdieron la red, y presa del pánico, alcanzaron a asir sus armas. Los sables se alertaron en ese momento del peligro, y en defensa de los más pequeños que les acompañaban, arremetieron a la carrera tras ellos. Raudos corrían, disparando las pocas flechas que habían llegado a alcanzar, acertando alguna, pero carentes de potencia, no hacían más que enfadar a los felinos. Huyeron despavoridos, tanto como sus piernas y pulmones se lo permitían, hasta que sin saber cómo ni por qué, comenzaron a levitar, ajenos a la manipulación que experimentaban sus cuerpos.

Itih

Los Itih, nueva raza en la segunda entrega de Galdin.

Raza sin igual en Rahaylimu, constructores, artífices, son considerados como proveedores de todo aquello que se pueda necesitar, y de todo aquello que nadie jamás logró soñar, sus habilidades creativas no tienen parangón en consonancia con el poder arcano. Les encanta pasar su tiempo ingeniando nuevos artefactos para hacer de la vida un lugar más fácil, son también excelentes mercaderes, y aun mejores navegantes, habilidad esta última, a la que no le sacan todo el partido que podrían, pues prefieren no alejarse de sus dominios, así pues, rechazan por completo la exploración de lugares y regiones desconocidas, aun así, esto no les impide albergar conocimiento, pues a ellos intentan acudir desde remotos lugares, permitiéndoles ser conocedores de multitud de historias que satisfacen sus curiosidades y permite que su ingenio y desarrollo crezca día a día.

De talla menuda, en términos generales la mitad que un humano adulto, cabezudos, de cara ancha y ojos grandes y almendrados, gran boca y pronunciada nariz, cráneo alargado cubierto generalmente por lacias cabelleras que les cubre hasta la mandíbula, largos y delgados cuellos que descansan en estrechos hombros, desde los que cuelgan largos brazos hasta casi tocar el suelo, proporcionado cuerpo y ataviados con sedosas vestiduras en multitud de colores a discreción del gusto de cada uno.

Su historia se remonta a varios milenios tras la guerra primigenia, procedentes de las antípodas de Rethah, desde donde son desterrados y despojados de sus bienes y tierras, pues sus prácticas creativas no fueron bien recibidas por la población, razón no les faltaba, ya que una de sus creaciones quiso ser demasiado osada, crearon una ciudad totalmente mecanizada, así pues, tanto las casas, como las calles, el subsuelo, puentes, túneles, mobiliario urbano, camas, mesitas de noche, todo cuanto conocían había sido creado por ellos. Nadie tenía la más mínima queja en cuanto a su estilo de vida, pues ellos mismos se la crearon, y todos y cada uno había crecido conociendo y aportando mejoras para el bien común. Hasta que, el conocimiento de sus más aventurados creadores, logró manipular algo que a todos aterraba, no por su condición, no por su poder destructivo, sino, simplemente por la reputación que esa substancia se había ganado y siempre recordado generación tras generación, descrita de raza a raza, proveniente de la destrucción y el caos que causó durante la mencionada guerra primigenia. El uso del residuo del poder arcano les dotó de una nueva fuente de energía, que utilizaron para darle vida a sus creaciones, fue así, que su ciudad despertó, esta misma se auto abastecía absorbiendo el residuo de las regiones circundantes, desequilibrando los ecosistemas y cambiando drásticamente la forma de vida Itih, así como la de las razas vecinas. Hubo consenso entre todas ellas, y decidieron que esa nueva aberración mecánica no podía coexistir con ellos. Los Itih, capitularon, y la mayoría estuvo de acuerdo con esta decisión, mas, no todos compartían su afán conservacionista, así pues, decidieron irse con lo puesto, y lo puesto fue la ciudad entera, esta, consciente y activa, se adaptó, y partió en vuelo hacia donde actualmente se ubica, las profundidades del Mar Gaspiano, donde aislados, al menos por un tiempo de toda vida terrestre, desarrollarán su vanguardista forma de vida.